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Escritorxs del Conurbano: Hoy, Emilce Fernández

“Algunas personas, algunas colectivas, empezaron por armar muy a pulmón espacios para compartir la cultura del barrio y entramar con les vecines que viajaban dos horas para una lectura que duraba una hora y luego en bondi dos horas de vuelta para casa. Esas distancias nunca se miden en kilómetros, sino que son otro tipo de barreras más difíciles de franquear”, reflexiona Emilce Fernández, escritora de zona sur, respecto de la movida literaria por fuera de CABA.

La Ciudad charló con la autora de “H!stérica” acerca de sus inicios como escritora, el mercado, la poesía, las docentes que incentivan la escritura, lxs colegas de la zona y los machismos presentes en el mundo editorial.

¿Cuándo empezaste a escribir? ¿Cómo fue ese inicio de relación con el mundo de la escritura?

Me acerqué a la escritura como un juego, hace tres años. Comencé acercándome a la propuesta de Walter Lezcano, alias “la máquina de escribir” y allí armamos lindo bondi con les compas. Surgió de ese encuentro el Ciclo Monserrat, un grupo de poesía y narrativa itinerante con el que vamos escribiendo al andar. Publicamos plaquetas y este año, devenidxs editorial, publicamos dos libros.

Con las últimas aperturas para hacer encuentros presenciales, empezamos a feriar fuerte y a compartir con escritores y editores que es nuestra razón de ser.
También, con otras escritoras y acompañadas por la exuberancia poética de Pamela Terlizzi Prina, nos embarcamos en dos proyectos: escribir en base a fotografías de Susan Copich que, con la ayuda de la traductora Rosana Canosa, fue bilingüe y un intercambio de poesía por correo llamado Queridas Todas.
Dejo por aquí la dirección por si alguien quisiera prenderse a escribir cartas, ese arte en peligro de extinción y recibir un poema a vuelta de correo: Casilla de Correo Nro 5 – CP 1845 – José Mármol – Buenos Aires

Tu pregunta fue por lo personal, pero lo personal es mucha gente.

¿A quiénes consideras tus “referentes” en lo literario? ¿Cuáles son tus influencias?

Como lectora llevo más tiempo y he tenido buenas acompañantes en la selección de ese tiempo de lectura obligatoria que es la escuela. Esas docentes me dieron manija para buscar a partir de esos rastros.
Por prejuicio militante, elijo siempre latinoamericanos y, si son mujeres, mejor. Si googleás “diez escritores” la búsqueda a nivel global o local dará como resultado apellidos masculinos.

En cuanto a la poesía, vengo leyendo fuerte hace un par de décadas. El libro que me dio señales de que había algo muy polenta detrás de esa escritura breve fue “Fiel a una sombra” de Osvaldo Bossi. Conservo el libro señalado con boletos de tren ya desgastados que me acompañó en los borrosos, angustiantes y violentos años 2000. De ahí me rodeé de todas ellas: Irene Gruss, Diana Bellessi, Elena Anníbali y tantas otras, para hacer frente a lo que venga.
De las nuevas generaciones, hay muchas referencias que van abriéndose paso y mostrando qué tienen para decir: Malena Saito, Martina Cruz, Dolo Trenzadora, Kari Ardizzone, Malu Kruk y siguen los etcéteras.

“Sigue habiendo círculos cerrados donde parece que invitan mujeres como para ‘llenar el cupo’”, sostiene Emilce Fernández respecto del ambiente literario.

¿Qué pensas del ambiente literario del conurbano? ¿Crees que, en el mercado editorial, lxs escritorxs del conurbano están ganando terreno?

¡Ay, el mercado! Esa bestia que rompe todo lo que toca.
¡Ay, el ambiente! Esa atmósfera que expulsa a los que no pertenecen.
Me parece que lo que está sucediendo en el conurbano es de otro orden: esa zona que habitamos se vio obligada a depender de lo que la Ciudad derramaba. Todo estaba fuertemente centralizado y lo está aún hoy para los que habitan más lejos. Basta tener como referencia los flyers que invitan a eventos donde solo ponen la dirección sin aclarar dónde queda… ay, el porteñocentrismo.

Me parece que lo que sucedió es que algunas personas, algunas colectivas, empezaron por armar muy a pulmón espacios para compartir la cultura del barrio y entramar con les vecines que viajaban dos horas para una lectura que duraba una hora y luego en bondi dos horas de vuelta para casa. Por estos pagos del sur tenemos a El Barrio en R. de Escalada, Banfield Teatro Ensamble, Las Nobles Bestias de Temperley, El Galpón de Diablomundo, La Fábrica en Lanús, por nombrar solo algunos. Así también, hay editoriales que sostienen espacios culturales como La Carretilla Roja, Santos Locos o Mágicas Naranjas.

Me atrevo a decir que su geografía poética no se limita a lo que habita el conurbano, pero sí que da lugar a escritorxs que, de otra manera, no podrían acceder a publicar o armar lecturas o talleres por lo que te decía antes de distancias que nunca, nunca se miden en kilómetros, sino que son otro tipo de barreras más difíciles de franquear.

¿Cómo ves el ambiente literario (del conurbano y en general) para las mujeres escritoras y para las disidencias? ¿Te encontraste con alguna traba en el ambiente solo por ser mujer y/o disidente?

¡Resulta que ahora se enteran que las mujeres y disidencias escriben!.
“Ahora que sí nos ven” dijo en la calle ese cuerpo colectivo del Movimiento de Mujeres y Disidencias.
El mercado tiende a fagocitar lo que toca, así que hay más circulación de textos y también curiosidad en lxs lectores por acercarse a esas escrituras. Sigue habiendo círculos cerrados donde parece que invitan mujeres como para “llenar el cupo” pero algo resulta de todo eso.

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En cuanto a las compas trans que escriben, quiero resaltar a lxs editorxs de la cooperativa Muchas Nueces que publican a Marlene Wayar y Susy Shock.
En mi experiencia, no encontré obstáculos, más que alguna situación incómoda a las que lamentablemente estamos acostumbradas, pero sí observo que, como en tantos ámbitos, las mujeres escribimos y los varones son los editores. ¡Hay que cambiar eso ya!

La obra de Emilce Fernández fue publicada por la editorial Ciclo Monserrat.

¿Cómo ves la literatura de las mujeres? ¿Crees que el pinkwashing influye en el mercado a la hora de vender literatura de mujeres?

Lo del pinkwashing es una gran descripción: me parece que poca “negra conurba” publica y, si lo hace, es bajo la corrección de la escritura blanca y letrada. Pienso en Ioshua, que no es mujer pero podríamos decir que sí es un escritor feminizado, cuyos textos son publicados hoy en un volumen impagable por el precio para aquellos a los que ese hermoso puto villero les escribía. ¡Ay, la pulcritud!

¿Cuáles son tus escritos favoritos y por qué? ¿Cuál es tu último trabajo?

Estoy amasando mucha escritura, siempre en bondi, no me puedo imaginar de otra manera. Es decir: puedo, pero no quiero pensar que escribimos solxs.
Además de los proyectos que te conté antes, vengo trabajando poesía sobre migraciones. Ahí mis ancestrxs me dictan al oído y trato de convertir la eterna tristeza y falta de asimilación de la experiencia del desarraigo en escritura.

Este año también publicamos con el Ciclo Monserrat mi libro “H!stérica” que es algo así como una diatriba hacia el “padre” del psicoanálisis, esa ciencia que atravesó la cultura del siglo veinte. Allí trato de convertir en insignia lo que empezó como estigma: “¡Histérica!”, que generalmente no se usa para describir una nosografía, sino como descalificación para referirse a las mujeres hace miles de años. Un imaginario colectivo que nos ubica en cierta posición de subordinadas sociales por emotivas, gritonas y poco pensantes, que además andamos en algo raro si no aceptamos gustosas el piropo de dudoso gusto del varón cis.

¿Qué consejo le darías a unx escritorx del conurbano que quiere comenzar a publicar sus escritos?

No aceptaría consejos, así que practico no darlos.
Te cuento lo que hago: me entramo, imagino, le saco tiempo a todo, deambulo, abrazo, leo en voz alta, le digo a lxs escritorxs que respeto: “che, ¡qué bueno estuvo eso!” Me parece que eso (y bastantes cosas que ni se me ocurren) es escribir poesía.

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