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Esa ambición empresarial: Una charla con Marina Dossi

“El empresariado está inserto en la sociedad y su búsqueda de bienestar individual también tiene que corresponderse con un proceso de desarrollo más amplio que tiene incluidos a otros actores y sectores sociales” sostiene Marina Dossi, doctora en Ciencias Sociales, investigadora del Conicet, docente en UNSAM y especialista en la construcción de los actores empresarios (UIA, Sociedad Rural).

En su paso por Socios a la fuerza, el programa conducido por Carlos Romero que se emite todos los lunes de 19 a 21 por Radio Kamikaze, Dossi conversó sobre el sentido común del empresariado como “un sector ambicioso”, la relación con el Estado, la ambivalencia del país y la diversidad empresarial.

¿Qué pensás de la ambición como categoría un tanto moral o propia del sentido común, en lo que se refiere a los sectores empresarios en nuestro país?

La ambición es una categoría más moral y creo que tiene como una connotación también negativa. Esa idea de que el ambicioso hace cualquier cosa en pos de esa ambición, que puede ser de distintos tipos. Me parece que, cuando nos referimos a los actores empresarios, aparece mucho la vinculación con esa idea, cuando se los piensa como aquellos actores que solamente persiguen el beneficio propio (la maximización de las ganancias) y que poseen una ambición desmedida, sin considerar a los otros que “van dejando en el camino”.

Si bien hay algo que está presente en el empresario, esta idea de invertir su capital para buscar un beneficio, esta actividad no siempre está vinculada a la búsqueda de ganancias. Creo que, cuando queda esta asociación tan directa entre empresario, ambición y la búsqueda de maximizar su beneficio y bienestar sin considerar lo que puede estar ocasionando en los sectores sociales, se pierde parte del análisis. También te estás perdiendo de conocer la diversidad que atraviesa a esos actores empresarios que están condicionados por los contextos en los cuales están insertos y donde llevan adelante sus acciones.

Es como que se fue construyendo ese perfil de empresario, en relación a un proyecto de país, de un modelo de producción o un modelo económico, ¿no? Pero quizás, lo que habría que ver es de qué manera esos actores fueron construyendo su identidad en la sociedad.

Sí. Creo que hay que prestar especial atención a cómo se conformó la imagen y también cómo se relacionaron estos actores. Este aspecto es importante también en la relación de los sectores empresarios con el Estado. Esto de que “el empresario se creó un poco al calor de tal Estado” que remite al empresariado nacional, que está también un poco estigmatizado. Porque se lo piensa como un agente que busca solamente el beneficio que se relaciona con el Estado, demandándole y pidiéndole políticas que sirvan para maximizar sus intereses. Pero que, sin embargo, cuando ese mismo Estado busca regular la obtención de ganancias o cobrar impuestos, es sumamente repudiado, ¿no?

Es un lugar extraño el del empresariado argentino, marcado por una relación un poco bipolar con el Estado, al que recurren para pedirle asistencia cuando se la necesita, pero también al que insisten en rechazar cuando no consideran necesaria su intervención.

¿Por qué creés que, en Argentina, la imagen del empresariado nacional tiene una connotación más “negativa”, en comparación con el sector empresario de otros países?

La categoría de empresario nacional está como casi visceralmente, en sus orígenes, vinculada a esto de la ambición, de la búsqueda de privilegios… Pero, al mismo tiempo, no se piensa lo mismo del empresariado de otros países. Y creo que es una construcción que se entiende, no solamente mirando al empresariado, sino también viendo a quien está en frente del empresariado: El Estado.

Acá se tiende a pensar que “el empresariado argentino es malo porque solamente quiere maximizar su beneficio y ganar plata”. Pero eso es algo que se aplica prácticamente a cualquier empresario: la búsqueda de obtener beneficios. Ahora, el empresariado de otros países que invierte más en el desarrollo de su actividad, es visto como “más bueno” que el nacional. Y creo que eso tiene que ver con el tipo de Estado que regula la actividad en ese empresariado y con los vínculos que se establecen entre ellos.

Es una relación, un binomio que tiene que tener un ida y vuelta. Y el papel del Estado es fundamental. Porque, si el estado no regula, no tendría entidad como actor político. Es importante deconstruir la relación del Estado con el empresariado para establecer otros tipos de vínculos en los cuales el Estado pueda regular un proceso de crecimiento y desarrollo. El empresariado está inserto en la sociedad y su búsqueda de bienestar individual también tiene que corresponderse con un proceso de desarrollo más amplio que tiene incluidos a otros actores y sectores sociales.

“Si bien, en el sentido común prima la visión de que el empresariado es malo, ambicioso, no invierte en el país, no hace nada y solo quiere llevarse la plata, también es cierto que existen otras categorías que son parte del empresariado, como todo el grupo mediano y pequeño.”

Marina Dossi respecto a la conformación del sector empresario argentino.

Esta mirada más del tipo moral relacionada a la ambición, el sector empresarial, el Estado, es algo que refuerza este vínculo que decías y que, evidentemente, tiene un origen de larga data…

Tal cual. Cuando te preguntás “¿por qué, en Argentina, el empresariado hace lo que hace?”, la respuesta está en la relación empresarios-sector estatal. Porque, por ejemplo, acá el empresariado tiene este poder para presionar en términos de políticas públicas para generar un ambiente más favorable para él mismo, o también puede especular con una devaluación del tipo de cambio, etc. Y si el Estado se entromete en esa situación, lo primero que se piensa acá es que el Estado le está coartando la libertad a estos actores.

Me parece que ahí hay algo muy interesante para trabajar. Porque, en otros países, cuando los empresarios llevan adelante prácticas monopólicas, son sancionados por el Estado a través de multas millonarias. Y ahí no se habla de avasallar la propiedad privada y a este tipo de actores.

Encima, el empresariado es un sector que, en nuestro país, tiene muchísimo peso. Y a veces es difícil encauzar todo eso en términos políticos…

Totalmente. El empresariado tiene muchísimo peso por el tipo de estructura productiva que tiene Argentina, que tampoco logra ser compensada por el desarrollo de otras actividades que se vuelven cada vez más importantes en términos de exportación. Esta famosa “diversificación de exportaciones” a la que se quiere llegar para que Argentina no dependa tanto exclusivamente de los productos del sector agropecuario, ¿no?

No solamente por la relevancia que se le adjudica a este sector, sino también debido a las variaciones que tienen este tipo de bienes primarios a nivel de precios. Y eso es algo que tiene que ver, muchas veces, con empresas a nivel mundial, que cuando bajan o suben generan un montón de distorsiones y dificultades en nuestro funcionamiento económico interno.

Además, en términos de lo que pasa al interior del empresariado argentino, tenés también la clásica antinomia que atravesó siempre al país, que es la puja entre el sector agropecuario y el sector industrial. Porque ahí entran en juego la ambición de un sector y la búsqueda de beneficio propio, que se contrapone a la búsqueda del otro. Entonces, en medio de esta disputa entre campo e industria, no se pueden establecer acuerdos, ni entre ambos sectores económicos ni entre los dos y el Estado.

Eso también está influenciado por esta cosa más pendular que caracteriza a la Argentina, ¿no? Conformada por la alternancia entre distintos modelos que, a medida que pasan los años, van cambiando por completo. Entonces, en medio de eso, el empresario termina desarrollando una especie de perfil más solitario

Sí, también es parte de la construcción del empresariado esta forma de comportamiento y de acción frente a lo que se puede considerar como imprevisible. Pero creo que es importante también, en términos de lo pendular y la alternancia del país, tener en cuenta que hay distintos grupos empresarios. Si bien, como decíamos antes, en el sentido común prima la visión de que el empresariado es malo, ambicioso, no invierte en el país, no hace nada y solo quiere llevarse la plata, también es cierto que existen otras categorías que son parte del empresariado, como todo el grupo mediano y pequeño.

Generalmente, son estos dos últimos grupos los que terminan siendo más afectados por todas estas ambivalencias e idas y vueltas, y son quienes también deciden quedarse en el país, invertir, innovar y producir, aunque también suelen caer en la categoría de ambiciosos, pero “más buenos”. Cuando, en realidad, es un sector que también está luchando con la situación económica para poder sostener la empresa, mantener a los trabajadores, ¿no?

Creo que, cuando se habla del espectro empresarial, hay que ver todos los aspectos y considerar la enorme heterogeneidad que hay en el seno de la categoría.

Fotografía: Editorial Perfil.

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Melina Alderete

Escritora, periodista. Conductora y productora radial en Radio Kamikaze. Otaku empedernida. Ávida lectora, cuando tiene ganas. Fan del cine y los dibujos animados, de todo tipo y clase. Se considera una "inventora serial" que siempre se trae algo entre manos... En definitiva, un bicho raro, de otro planeta, pero que escribe. ¡Una marciana haciendo crónicas! Mail: unamarciana.haciendocronicas@gmail.com Instagram: @yo.marciana
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