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‘Femilitando’, una organización feminista y popular en Ciudad Evita

“La militancia feminista es una bandera que debemos alzar de manera necesaria y urgente”. sostienen las compañeras de Femilitando, una organización con base en Ciudad Evita que sirve como contención para muchas mujeres del barrio que deciden emprender el camino del activismo de forma conurbana y colectiva.

La Ciudad charló con las integrantes de la organización acerca de su historia, sus dificultades, su anclaje en Ciudad Evita y la posibilidad de replicar la dinámica en otros barrios para seguir construyendo un feminismo popular y conurbano.

¿Qué es y cómo nació la organización? ¿Por qué eligieron ese nombre?

Femilitando es una agrupación de feministas autoconvocadas que tuvo lugar en Ciudad Evita.

En el 2018, la compañera que inició el espacio, tenía ganas de hacer cosas, pero no tenía con quién comenzar a organizarse.
Hasta que el 8 de noviembre del 2018 publicó en su Instagram y Twitter que buscaba pibas para organizarse en Ciudad Evita. Y, así, empezaron a llegar mensajes de chicas que se querían sumar junto con sus amigas.
De repente, éramos como 50 en un grupo de whatsapp y todas teníamos algo que contar. Empezamos a alertarnos de ciertos varones y a contenernos mucho también. Todas teníamos la urgencia y necesidad de hablar y actuar, pero nos sentíamos solas como para hacer algo, hasta que llegó esta propuesta.


En las primeras reuniones que hicimos en espacios públicos de la ciudad, pensamos en cómo empezar a organizarnos, conocernos, hablar de lo que queríamos del grupo y también darnos un nombre. Después de una lluvia de ideas y de debate, una de las chicas con las que nos juntamos propuso que se llame “femilitando.ce“, haciendo un juego de palabras entre feminismo, militancia y las iniciales de Ciudad Evita pero también de “hacerse”. Con el tiempo, solo quedó Femilitando.

¿Cómo era el panorama cuando comenzaron a organizarse?

Cuando comenzamos, éramos conscientes de que ninguna tenía los recursos como para poder dar soluciones a una piba que estuviese sufriendo violencia. Por eso, iniciamos la organización como un espacio de contención donde pudieran hacerse escuchar sin miedo para luego salir en búsqueda de información o ayuda a algún lugar o profesional que tenga la posibilidad.


Por ejemplo, en el 2018 cuando arrancamos, el aborto no era legal, por lo que, cuando se nos acercaba alguna chica que necesitaba ayuda para poder realizar un aborto seguro, nos contactábamos con socorristas, buscábamos información o redes necesarias para poder acceder y, por sobre todo, poder estar ahí para acompañarla desde la empatía.
La idea es militar juntas, escucharnos, acompañarnos y buscar salidas para todas, dentro de nuestras posibilidades, para que sepan que no están solas; que no estamos solas.

¿Cuáles fueron sus mayores desafíos y/o dificultades en sus inicios? ¿Y actualmente?

Nuestro principal desafío se vio de la mano con el crecimiento que fuimos teniendo, sin tener todavía el conocimiento sobre cómo organizarnos de manera segura y cuidando la identidad de aquellas chicas que hacían su descargo contándonos sobre abusos o violencias que habían recibido de algún chico en la ciudad.


No siempre se realizaban escraches públicos, porque las víctimas no siempre querían hacerlo y eso se respetaba. Pero, una vez, se filtró la información y la víctima quedó expuesta en un grupo de la ciudad en el cual, esos abusadores escrachados, querían descubrir y encontrar quiénes éramos, quién lo había escrachado. Esa fue una alerta para nosotras que nos llevó a entender la importancia de buscar una manera de conservar cierta privacidad y reglas dentro del grupo para cuidarnos entre todas.


Actualmente, la dificultad corresponde a los estragos de la pandemia: Los desencuentros, las emociones encontradas, el no poder juntarnos y tratar de contener a pibas que quizás tenían que hacer cuarentena conviviendo en un entorno violento, eran situaciones que nos angustiaban y nos excedían. Siempre mantuvimos el contacto por whatsapp, continuamos publicando las búsquedas de chicas desaparecidas desde las redes sociales, tratando de mantenernos en contacto hasta tener novedades. Hoy continuamos así, desde las redes.

Femilitando en una de sus primeras intervenciones político-artísticas, en un festival que se llevó a cabo en Ciudad Evita en el 2018.

¿Cuáles son sus objetivos como organización?

Nuestro objetivo es seguir convocando a las feministas de la ciudad, ampliar nuestras redes de contacto y también crear espacios donde nos sigamos nutriendo como feministas, entendiendo que no existe un único feminismo, sino varios feminismos, que al fin de cuentas son la revolución que necesitamos para abrirnos espacio en un mundo patriarcal como el que vivimos.
Antes de la pandemia, organizamos intervenciones artísticas en eventos o festivales que se realizaban en la ciudad, así como también distintos pañuelazos para hacer escuchar los reclamos de todas y, a su vez, permitir que nos conozcan y puedan sumarse al grupo.

Entre sus diversas actividades, ¿cuáles recuerdan como fundacionales para Femilitando?

Tenemos muy presente nuestra primera intervención, que dio voz al poema “¡Que vivan!” de Marie Gourie, el que adoptamos como nuestro himno feminista: “Vivan ustedes por todas las otras que todavía no se enteraron, o no les sale, o no se animan. Y si mueren… que una procesión de todas nosotras las abrace, las llene de flores y las llore; y las nombre tan fuerte y tan alto hasta resucitarlas.”
Con ese fragmento conclusivo nombrábamos a todas las pibas que nos arrebató la violencia machista: Lucía Perez, Micaela García, Brenda Taboada, Angeles Rawson, Candela Rodriguez y muchas, muchísimas pibas más a quienes queríamos dar voz para que supieran que siempre que haya una militancia feminista que luche contra el patriarcado, vivirían para acompañarnos.

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A su vez, nos organizamos para poder marchar juntas cada #8M, entre otras fechas importantes para el feminismo. Creamos puntos de encuentro en distintos barrios de la ciudad para salir acompañadas, tener anotados los nombres de las compañeras que van a estar presentes y así cuidarnos entre todas.

¿Cómo ven el panorama de la militancia feminista en el oeste? ¿Qué similitudes y diferencias podrían reconocer en comparación con la militancia en otros lugares, como CABA?

La militancia en el oeste tiene mucho compañerismo. CABA tiene algunas agrupaciones reconocidas que son muy grandes y, justamente por ese tamaño, tienen compañeras adultas con mayores recursos y herramientas desde sus laburos y profesiones que las posiciona desde una mayor influencia y alcance que quizás nosotras no tenemos.
De hecho, nosotras comenzamos siendo unas 15 que nos manteníamos en contacto, con mayor constancia y, en poco tiempo, generamos mucha confianza, todas menores de 30 años, transitando nuestros estudios; algunas desde la secundaria y otras desde la universidad, tratando de aportar desde nuestros conocimientos.


Más allá de esta diferencia de magnitudes y herramientas, hay algo que nos asemeja y es lo mas importante: El saber que la militancia feminista es una bandera que debemos alzar de manera necesaria y urgente; la que mueve y hace ruido para vayamos tras la conquista de más derechos que nos corresponden y nos quieren arrebatar. Un claro ejemplo fue lograr la despenalización del aborto en Argentina, y eso fue sólo el comienzo.

¿Cómo se puede sumar la gente a la organización? ¿Cómo las encontramos en redes u otros medios de contacto?

Quienes quieran sumarse a Femilitando, pueden seguirnos y escribirnos en nuestras redes sociales, a saber: Instagram @femilitandoce y Facebook: femilitando.ce. De esta manera, podemos brindarles por privado el acceso al grupo de whatsapp con más cuidado.

¿Qué consejo les darían a personas de los barrios que quisieran comenzar a organizarse para militar el feminismo en el territorio?

Que traten de convocar a las personas que saben que tienen las mismas intenciones, o que creen tenerlas, y se animen a acercarse y organizarse. Que observen y escuchen las distintas voces sin miedo a entrar en conflicto porque, dentro del feminismo, hay muchos puntos donde quizás no todas estén de acuerdo, pero desde el diálogo y la empatía se puede crear una comunidad compañera muy importante para cambiar nuestra historia, la de nuestras hijas, amigas, hermanas, compañeras…Por más que comiencen siendo pocas personas, sepan que esa unión es la que nos fortalece.

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