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Gravísimas denuncias contra el dueño de la panadería La Española de Castelar por abuso sexual

No soy la única ni tampoco la primera”, destaca Agostina Signorelli, ex empleada de la panadería La Española de Castelar quien fue víctima de abuso sexual por parte del dueño del local, según consta en la denuncia radicada en la Comisaría de la Mujer de Morón.

A través de un descargo en sus redes sociales, Signorelli expuso la situación que vivió en su horario y lugar de trabajo con el objetivo de alertar a los vecinos y vecinas para que “ninguna tenga que pasar por lo mismo”.  A raíz de su denuncia, según consta en su Instagram, comenzaron a llegarle a la denunciante varios testimonios relatando situaciones similares con el mismo sujeto, que no solo acosaba sexualmente a las empleadas y clientas, sino que, además, maltrataba laboralmente a los empleados masculinos.

La Ciudad conversó con Agostina Signorelli, quien tuvo que ser internada de urgencia en el Hospital San Juan de Dios ayer por la mañana debido a un cuadro de crisis de ansiedad producto de toda la situación. En la actualidad, se encuentra en su casa, estable, y esperando justicia.

¿Cuándo comenzaste a trabajar en La Española? ¿Cómo era la dinámica de trabajo en el local?

Empecé en la sucursal de Santa Rosa al 1500 el 2 de marzo de este año y todo era color de rosa, sinceramente. Mis compañeros, tanto de mi sucursal como las de Avellaneda y Carlos Casares, todos unos amores de personas, muy buena gente. Yo estaba muy feliz y cumplía siempre con todo lo que me pedían.

A mí me contrataron Federico e Ignacio, los hijos del dueño, Adolfo Samban. Y, si bien me contrataron para trabajar en la sucursal de Santa Rosa, era habitual que, tanto a mí como a otros compañeros, nos enviaran a cubrir las otras sucursales según las necesidades, como la falta de personal. El día del abuso fue uno de esos en los que me mandaron de una sucursal a la otra.

¿Cómo fue la cronología de ese día?

El sábado 16/7 mi horario en la sucursal de Santa Rosa era cortado. Fui de 9 de la mañana hasta las 13 y, antes de irme, me informan que por la tarde iba a tener que cubrir turno en Carlos Casares, a lo cual respondí que no tenía problema. A las 16:45 entré a esa sucursal y fiché con el dedo mi ingreso.

Todo estaba normal. El señor Adolfo estaba en la sucursal, en caja. Lo que él hace habitualmente es sacar dinero, llevárselo a su oficina, irse, volver, etc. A las 18 aproximadamente, yo estaba fichando en una computadora el pedido de un cliente y Adolfo Samban se acerca buscando algo. Yo le pregunto si necesitaba algo, a lo que él me responde que sí, que necesitaba “a alguien flaquito que lo ayude”.

Entonces, me lleva a un sector que está por detrás de la panadería y me dice que “si paso por ese lugar pequeño y le abría una puerta que él necesitaba abrir, él me iba a dar un premio”. Esa puerta daba a una escalera para su oficina, que está en un entre piso. Yo paso, logro abrir la puerta y me dice “Bueno, vení conmigo que te doy el premio”. Entre risas, yo le respondo que no hace falta.

¿Cómo reacciona este sujeto?

Jamás me imaginé nada malo, obviamente. Él insiste en darme ese premio y me dice “Sí, sí, vení conmigo”. Él sube esas escaleras y yo me quedo atrás, en la puerta. Él entra al fondo de la oficina y busca en un placard algo. Finalmente, trae un caramelo de frutilla, se lo mete en la boca, deja un pedazo del caramelo afuera y me viene a dar un beso para pasármelo.

Yo me quedé en shock. No sabía qué hacer, cómo reaccionar. Jamás me había pasado algo así. Le respondí “No, Adolfo, perdóname, pero no”. A lo que él me agarra, me toca la cola y me manosea. Yo quiero correrme del medio, intentando irme, y él me dice “que la próxima no zafaba”, riéndose.

¿Cómo continuó el día luego de esta situación violenta?

Luego del abuso, yo bajo rápido a la panadería y voy directo a la caja para decirle a la cajera que iba al baño. Una vez ahí, hablo por whatsapp con mi novio y después lo llamo, pero no le cuento lo que pasó en sí, simplemente hablamos y le dije que estaba muy mal, llorando.

Salí, me acomodé el uniforme para que nadie me viera mal y cumplí con mi horario de trabajo para no dejar solos a mis compañeros. Adolfo había bajado a la caja nuevamente y me miraba con una mirada asquerosa. Yo lo ignoro e intento alejarme de él lo más posible, hasta que se retira de la panadería y nos dice “Nos vemos mañana chicos”.

¿Alguien de la panadería se enteró de lo sucedido?

Sí. A las 20:17 fiché nuevamente mi horario de salida. Me vino a buscar mi novio y me agarra una especie de ataque de pánico, me quedo sin aire. Me voy a su casa, hablo con mi suegra, y ahí mismo decido llamar a Federico Samban, uno de los hijos del dueño, que me había contratado, y le cuento lo sucedido. Me decía que él no lo podía creer, pero que iba a elegir ponerse del lado del padre y que yo “haga lo que tenga que hacer”.

A los cuarenta minutos, Federico me vuelve a llamar para decirme que le gustaría hablar conmigo en persona, antes de que hiciera algo, en el local de Avellaneda. Yo le dije que no tenía más qué decir que lo que ya le había contado, pero que, por respeto a él, que es quien me contrató, iba a concederle el encuentro.

El día domingo a las nueve de la mañana nos encontramos y no me dijo nada nuevo, solo que él no había hablado con el padre aún sobre lo que pasó, cosa que no creí. Me pidió que le contara lo sucedido otra vez, y lo hice. Le dije que estaba muy dolida, que yo siempre fui a trabajar lo más bien, siempre les cumplí con todo. Y él solo asentía con la cabeza.

La charla termina con él diciéndome que “quedábamos en contacto”, que yo si quería podía hacer una denuncia o escracharlo, pero que, antes de hacer algo, que “piense en las 50 familias a las que le arruinaba todo el laburo”. A lo que yo respondí que estaba equivocado, que, si yo hacía algo, iba a ser para ayudar a esas familias y a todas las que pudieran venir en el futuro. Acto seguido, hice la denuncia en la Comisaría de la Mujer de Morón y me asesoré con abogados. Además, expuse mi situación en redes sociales, para alertar a las chicas, empleadas y clientas. A raíz de eso, me llegaron un montón de testimonios similares, actuales y de hace muchos años atrás también. Un espanto.

Los testimonios

Durante el fin de semana, luego de que Agostina Signorelli realizara la denuncia correspondiente en la Comisaría de la Mujer de Morón y se asesorara legalmente, en las redes sociales se comenzó a hacer viral su posteo relatando el abuso sexual que había sufrido. A raíz de lo expuesto, Signorelli comenzó a recibir en su Instagram personal varios testimonios de mujeres que habían vivido situaciones similares con el mismo hombre.

“Todos los que hemos laburado ahí fuimos testigos de algo: manoseadas, tocadas de cintura y charlas extrañas. Y una siempre normalizándolo, creyendo que es una quien está confundida”, puede leerse en uno de los testimonios.

“Te explotan y después te echan como un perro a la calle”, destacó otro usuario a Agostina Signorelli. Otro testimonio data de catorce años atrás y explicita que el sujeto denunciado tenía conductas inapropiadas con las clientas mujeres: “A mi mamá le dejó el número de celular en el ticket cuando fue a comprar, hace 14 años. Ella estaba embarazada. Esto no es de ahora”, relató.

Durante el día de hoy, Agostina Signorelli continuó recibiendo testimonios, y uno de los más recientes, por parte de una mujer, destacaba: “Me ofreció el puesto de trabajo efectivo en blanco, como al resto, a cambio de sexo a escondidas de su mujer.”

Además de las conversaciones de Signorelli con otros usuarios de Instagram sobre las conductas misóginas del denunciado, mucha gente destacó las pésimas condiciones laborales que se daban en las distintas sucursales. El año pasado, un ex empleado destacó de forma anónima en redes sociales que, a los empleados y empleadas, lxs grababan de manera ilegal durante el horario de trabajo, les revisaban los bolsos antes de irse, no les permitían hablar ni hacer un corte para almorzar.

Durante la plena pandemia, dejaron de pagar las horas extras y hacían volver a la gente antes de que se les termine la licencia por Covid positivo. La peor anécdota fue cuando el encargado de panaderos, quien trabajó ahí toda su vida, quedó viudo y volvió a trabajar y los dueños lo echaron ‘porque no volvió con las mismas ganas que antes’. Le faltaban tres años para jubilarse”, destacó el anónimo, quien habría recibido amenazas para borrar su testimonio de las redes sociales.

Agostina, más allá de los testimonios, ¿cómo está tu situación actualmente, luego de la denuncia?

En la actualidad, yo tengo dos causas abiertas con este señor: Una causa penal por la denuncia de abuso sexual simple, agravada por la amenaza que me realizó respecto de que “la próxima vez no zafaba”. Y otra causa laboral, porque yo no decidí irme por voluntad propia porque “quise quedarme sin trabajo” o renunciar. Ellos tienen que darme la indemnización que me corresponde, también por todo el daño que me causaron.

Estoy asesorada con un abogado que es un genio, la verdad. Trató todo con muchísima delicadeza. Hoy puedo decir que, por suerte, en ese sentido, estoy en buenas manos. Muy agradecida.

Agostina internada

En el día de ayer durante la mañana, Agostina Signorelli ingresó en el Hospital San Juan de Dios con un cuadro de ataque de ansiedad e intensos dolores corporales a causa de toda la situación, por lo que tuvo que quedarse internada durante toda la jornada, con dosis de morfina, oxígeno y suero para contener los malestares.

“Quiero que se haga justicia, comentó a La Ciudad. Ayer cerca de las ocho de la noche, Signorelli fue dada de alta y, actualmente, se encuentra estable en su domicilio.

En la actualidad, la panadería La Española no estaría recibiendo al público, dedicándose a la venta de sus productos con la modalidad “para llevar” o “entrega sin contacto”, según consta en la información del sitio difundida la Ficha Local de Google. Además, limitó los comentarios en sus redes sociales luego de recibir el repudio de la gente por lo sucedido con Agostina Signorelli.

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Melina Alderete

Escritora, periodista. Conductora y productora radial en Radio Kamikaze. Otaku empedernida. Ávida lectora, cuando tiene ganas. Fan del cine y los dibujos animados, de todo tipo y clase. Se considera una "inventora serial" que siempre se trae algo entre manos... En definitiva, un bicho raro, de otro planeta, pero que escribe. ¡Una marciana haciendo crónicas! Mail: unamarciana.haciendocronicas@gmail.com Instagram: @yo.marciana

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