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“Mamá Cecilia” y la gran historia de Dulce Hogar

En el barrio, la conocen como “Mamá Cecilia”, el nombre que la enfermera Cecilia Melano se ganó gracias a su trabajo en Dulce Hogar, el refugio para personas mayores en situación de calle y bajos recursos que fundó en Libertad, Merlo.

“El refugio nació hace 21 años, y surgió también para saldar una cuenta pendiente, principalmente con mi abuelo, a quien no pude ayudar cuando estuvo, en su momento, en una situación muy parecida a la de las personas que ayudamos hoy”, explica.

Los abuelos son mis bichitos de luz”, define Cecilia. “Algunos, cuando llegan al hogar, lo hacen en condiciones terroríficas: desnutridos, deshidratados; muchos tenían un pasado de alcoholismo, lo cual requiere también pasar por el proceso de desintoxicación, el cual lo hacemos desde el hogar, sin medicamentos y con contención.”

El hogar se solventa mediante donaciones no monetarias, además de los aportes de la pensión y jubilación de algunas de las personas del hogar, que son las menos. “Todo eso se dirige a nuestros ahorros para pagar los servicios, los chequeos y traslados de nuestros abuelos”, concluye.

Una casa de familia

“El manejo del hogar es como si fuera una casa de una familia numerosa, un lugar donde viven muchos parientes, con 58 hijos”, detalla entre risas.


Dulce Hogar funciona a pulmón y con el amor de Cecilia, sus compañeras, y personas voluntarias. “Mis compañeras son mujeres con todas las letras, son guerreras de la vida que llegan al hogar pensando que es un geriátrico nada más, y luego se dan cuenta de que esto es una familia”.

Además de brindar un refugio, risas, y mejorar la calidad de vida de las personas mayores en todos los aspectos, Cecilia y sus compañeras también se ocupan de generar reencuentros entre las personas mayores perdidas y sus familias.

“Muchas veces, nosotras desde el Hogar, trabajamos para encontrar a las familias de los abuelos que llegan al refugio. El último reencuentro que tuvimos fue el de un abuelo que lo encontramos en un zanjón y estuvo viviendo casi dos años con nosotras, hasta que dimos con su familia a través de las redes sociales”, recuerda.

“Nosotros no hacemos ‘cosas de abuelos’”

En Dulce Hogar, puertas para adentro, las lógicas de funcionamiento son muy diferentes a lo que uno espera de un “hogar de ancianos”.

“Las actividades recreativas que hacemos son totalmente atípicas”, explica Cecilia. “Nosotros bailamos, cocinamos, hacemos gimnasia, karaoke, tenemos días de belleza en el que nos hacemos las uñas, alisados, etc. Escuchamos música, y no ‘música de abuelos’, sino que vamos de un rango de los Guaguancó a AC/DC, ¡y los abuelos hacen pogo!”, detalla y destruye la figura de los adultos mayores instalada en la sociedad.


Otra de las actividades que se realizan en el refugio Dulce Hogar, es la apuesta a la educación de las personas mayores que, por distintas situaciones de la vida, no pudieron acceder a terminar sus estudios.

“Es hermoso ver a nuestros abuelos crecer como personas, verlos empezar a estudiar a sus setenta años, con demencia señil, porque no pudieron estudiar antes porque la vida los llevó a la calle. Acá, muchos terminan la primaria y, a fin de año, se les hace una fiesta de egresados”, retrata Cecilia, orgullosa.

El cambio comienza en mirar al otro

Respecto a la relación entre las personas en situación de calle y la mirada ajena, Cecilia explica la necesidad de involucrarse, apostar por el otro, con una gran dosis de humanidad y empatía.

“Hay que concientizar a la gente para que entienda que los abuelos no son descartables”, sintetiza y agrega: “También para que no haga la vista gorda cuando ve a una persona en situación de calle. Ayudar y brindarle otra calidad de vida a una persona que lo necesita, es lo más lindo que te puede pasar”, explica quien sabe de lo que está hablando.

El refugio Dulce Hogar de Mamá Cecilia funciona en el barrio Libertad desde hace más de veinte años, pero Cecilia no descarta la posibilidad de que su ayuda pueda replicarse en otros lugares.

“Podría haber otros refugios como éste en otras zonas, pero hay que tener en cuenta quién lo hace desde el corazón y desinteresadamente, y quién lo hace con el propósito del beneficio propio”, diferencia Cecilia.

“Quien lo hace con cariño, recibe un amor por parte de los abuelos que te llena el alma”, define y apuesta a más: “También, esa persona le llena el alma a los abuelos, le hace ver que la realidad puede cambiar, que todos tenemos segundas oportunidades en la vida, sin importar lo que hayas hecho en el pasado.”

Medios de contacto

Pueden encontrar todo el trabajo de Cecilia y sus compañeras en Dulce Hogar a través de su Facebook.

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