Ituzaingó

Escritorxs del Conurbano: Hoy, Walter Lezcano

“La lectura es un diálogo con personas mejores que nosotros y la mejor forma de estar solo”, sostiene con fervor Walter Lezcano, escritor correntino que se cruzó para el conurbano bonaerense con toda su familia cuando cumplió un año.
La Ciudad charló con el autor de “Humo”, “Luces Calientes”, “Calle”, entre otros en una conversación donde la sinceridad primó por sobre todas las cosas, incluyendo las influencias literarias, la pandemia, los años tempranos, sus últimos trabajos, y la pasión por leer y escribir.


¿Cuándo empezaste a escribir? ¿Cómo fue ese inicio de relación con el mundo de la escritura?


Comencé a escribir en la adolescencia. Tenía alrededor de 12, 13 años cuando salieron los primeros poemas acerca del hundimiento del pecho por una ruptura amorosa. Un primer amor que se destruye es algo inolvidable por todas las buenas y malas razones. Después me di cuenta que en realidad la escritura surgió porque ya hacía años que venía leyendo sin pausa, de forma muy caótica (vengo de casas sin bibliotecas) pero no pasaba un día sin que estuviera muy metido en algún texto. Quería ver si era posible replicar algunas de las cosas que leía.
El estado emocional derrotado en el que me encontraba era la situación ideal para ponerse a escribir. Por fin tenía una experiencia, algo para contar. Es la etapa donde todo es copia y robo. Por supuesto, esos primeros poemas son de lo peor, horribles, impresentables. Espantosos de forma objetiva. Pero me pareció que valía la pena seguir intentando, insistiendo.

El fracaso en literatura es lo más productivo que existe porque te obliga a emprender nuevas aventuras.


¿A quiénes consideras tus “referentes” en lo literario? ¿Cuáles son tus influencias?


Más que referentes puntuales creo que el hecho de poner toda la carne al asador en cuanto a la lectura fue vital y trascendente para poder comprender que no hay escritura posible sin lectura previa, sin ese entrenamiento. Ese es el verdadero taller literario en mi caso: la lectura voraz, constante, insaciable. Ese ejercicio cotidiano de lectura da lugar y espacio a la construcción de la caja de herramientas que se activa cuando se escribe o sale algo para poner en una hoja.
En ese sentido, me interesa muchísimo continuar leyendo como el primer día porque es la forma que tengo de ampliar el campo de batalla y encontrar una materialidad. La lectura es un diálogo con personas mejores que nosotros y la mejor forma de estar solo.


¿Qué pensás del ambiente literario del oeste? ¿Crees que, en el mercado editorial, lxs escritorxs del conurbano están ganando terreno?


Viví en el conurbano oeste varios años y también en el conurbano sur. Fuimos gitanos con mi vieja: muchas casas, muchos barrios. Cada uno es hermoso a su propia y única manera. Me da la sensación que cualquier territorio debe construir su propia mitología y mostrar una manera personal de escribir, contar y leer. Hay que confiar en nuestros materiales, que los tenemos. O seguir buscándolos porque no hay ayuda ni caridad en ese sentido. Es algo del orden de la soledad y la libertad. Es por eso que considero que no hay centralidad ni periferia.


Cada zona geográfica es el centro del mundo para quienes viven ahí, lo transitan y se animan a contarlo, vivirlo, transmitir esas vivencias. No me interesa ver al conurbano como una zona especial ni diferente, sino como un lugar en el mundo donde hice mi educación sentimental y por eso me atrae contarlo.


Por otra parte, la literatura, por suerte, es un ámbito donde nadie pide permiso para existir. Quien escribe ya se ganó su propia baldosa desde dónde mirar el mundo.

Este año, salieron a la luz los dos últimos libros de Walter Lezcano: La novela “Nunca seré policía” (Hojas del sur) y el ensayo “Aira” (Entre Ríos Ediciones) sobre la obra del escritor César Aira, amado por el autor.

Durante la pandemia, ¿cuáles se convirtieron en tus textos favoritos y por qué?


Dios mío, admiro a tanta gente que me parece que esta lista sería interminable. Pero me gustaría decir que en la pandemia (que todavía continúa, por supuesto, lo digo con el barbijo puesto y alcohol en gel en las manos) fueron lxs poetas quienes me salvaron la vida. Literal. Me da la sensación que sin la poesía, lo digo sinceramente, iba a enloquecer o ahora mismo estaría perdido golpeándome la cabeza contra la pared de algún baño en una estación de servicio.

¿Qué consejo le darías a unx escritorx del conurbano que quiere comenzar a publicar sus escritos?


En realidad, dar consejos me parece la forma más intolerable de la soberbia. No pido consejos, no doy consejos. Cuando alguien me quiere dar un consejo saco el arma o me dan ganas de cortarme las venas.
Hay que estar preparado para la libertad y el derecho a equivocarse. Cada unx vive como puede, escribe como le sale, publica si tiene suerte. La literatura es un camino donde la soledad es la única certeza. Es complejo.

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