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Los 150 años de Ituzaingó: Luis Alberto Spinetta, un vecino más de Villa Udaondo

El músico argentino vivió en la década del 80 en Ituzaingó. Sus hijos fueron al colegio en Udaondo. Muchos vecinos lo recuerdan.

Se comentaba en el centro comercial de La Tradición y Balbín en Villa Udaondo que entre 1982  y 1986 Luis Alberto Spinetta, uno de los iconos del Rock Nacional, más conocido como “El Flaco” habría vivido unos años ahí. Hasta allí fuimos y efectivamente, uno de los músicos más grandes de nuestro país, vivió en la calle  Balbín 3621,  Villa Udaondo, lo que en ese tiempo se llamaba La Ciudad de la Buena Gente, nuestro querido Ituzaingó.

La tarea no fue fácil, ya que la referencia que teníamos era el frente de la casa y después de tantos años había cambiado. En los años que Luis Alberto Spinetta alquilaba la casa, en Balbín 3621, la entrada a la vivienda y formando un cantero, había balas de cañón unidas con cadenas; detalle que la caracterizaba. Hoy ya no están. Aun así los vecinos del lugar lo recuerdan con cariño y admiración.

Oscar, dueño de un almacén en Balbín y La Tradición nos indicó como llegar y recordaba los momentos en los que iba a jugar en el jardín de aquella casa. Caminamos unas cuadras hasta encontrarla y unos albañiles que estaban trabajando en el lugar me contaron como venía la mano. La casa estaba intacta, los dueños actuales que hace aproximadamente 10 años adquirieron la propiedad quisieron conservarla tal y como estaba y por eso dividieron el terreno en la parte que no había nada construido donde ahora se levantan los cimientos de una hermosa casa colonial.

En el año 1983, Juan Alberto Badía le hace una entrevista a Spinetta en la quinta de Villa Udoando

El dueño de la casa en el momento en que Spinetta vivía ahí, Daniel Bonfantti, ahora vive en Mendoza. Luis Alberto tenía en esa época treinta años y vivió allí con su familia. Su hijo mayor Dante, iba al colegio Lurdes, a unas pocas cuadras de allí, sobre la misma calle Balbín.

Ahora restaba encontrar algún vecino que hubiera compartido momentos con el flaco y nos quisiera contar como era en ese entonces.

“Tengo muy gratos recuerdos del Flaco Spinetta, una persona sencilla, muy carismático. Por extraño que parezca era un tipo de barrio y con mucha onda, nunca notamos la diferencia, para nosotros era uno más, era “el flaco”. comentó Angel Torres, un viejo vecino de la zona.

En el año ’85, ’86, él tenia una camioneta Volkswagen con el que salíamos con un grupo de muchachos de ahí del barrio. Nos juntábamos en una esquina que llamábamos “La punta” (Tradición y Nicolás Repetto) en “El barrio de las liebres”, (hoy Villa Udaondo) íbamos a su casa a escuchar los ensayos, nos divertíamos, cantábamos…

Su hija, Catarina, iba al colegio Nº 7 del Barrio Santa Rita, sobre la calle Segundo Sombra, donde también estudiaron mis hijos. Fue uno de los tantos grandes que tuvimos y tenemos en Udaondo.

Así está en la actualidad la entrada a la quinta donde vivió Spinetta

Para relacionar la vida cotidiana de Spinetta y su vida profesional le pedimos algunos datos a Gustavo Gauvry, dueño del estudio de grabación “Del Cielito”, también ubicado en Villa Udaondo. Este emblemático estudio ubicado en la calle La Pialada fue en donde el Flaco grabó muchos de sus temas.

Un repaso de canciones y discos que Spinetta grabo en Del Cielito son: “Los niños que escriben en el cielo“, “Kamikaze“, ” Mondo di cromo” (ese fue mientras vivía en Leloir) Luego grabó “Prive” en Moebio. Luego volvió a grabar en Del Cielito “Tester de violencia“, “Don Lucero” y “Exactas”.

El efecto Del Cielito alcanzó su última fase cuando Spinetta y su familia – previa reconciliación con Patricia– se fueron a vivir a Parque Leloir. “A Luis lo vi crecer y ponerse cada vez más en eje con su propio ser –explica Patricia–, pero para poder mantenerlo hubo grandes sacrificios que hacer; por el dinero disponible para cubrir las cosas de los hijos, porque alquilábamos, etc. Nos tocaba mudarnos de esa casa de Olivos. Nuestro presupuesto nos alcanzaba para un departamento de dos ambientes, y averigüé que por ese mismo valor podíamos alquilar una quinta en Parque Leloir. Al principio se negó totalmente. ‘Amor –le dije–, yo me ocupo de esas cosas. En un dos ambientes no podemos vivir con tres hijos y tus guitarras’. Luis fue siempre muy de Capital”. Castelar era un polo de atracción muy fuerte como para resistirlo, y a fines de 1982 los Spinetta emigraron hacia Parque Leloir.”

“Una vez desembarcados en el oeste bonaerense, la preocupada fue Patricia porque le alquilaron la quinta con un perro llamado Boxi. Era un ejemplar canino grande, musculoso, guardián, que se alimentaba de las palomas que cazaba. Los chicos eran pequeños: Valentino tenía solamente dos años. Llamó al dueño para pedirle que se llevara al perro, y aunque el hombre le dijo que el animal era muy bueno y dormía afuera, Patricia permaneció en estado de alerta. Dos días más tarde, mientras tendía la cama, por su ventana observó algo que la horrorizó: Valentino estaba con Boxi. Solo.

¡Valentino! ¡No muerdas al perro! –le gritó desde arriba.

“Listo, resuelto: Boxi fue un hijo más”, concluye Patricia. Cuando llegó el invierno, Luis le pidió que dejara a Boxi dormir adentro. Su mujer le dijo que no, que el perro estaba acostumbrado a dormir afuera. Las peleas transitaban ahora por esos carriles. Después, Patricia quiso un gato, y Luis se rehusó porque tenía miedo que le meara la sala donde ensayaba con Jade, ubicada en lo que sería un cuarto para un casero. Un día aflojó, y Patricia trajo una gata marmolada de colores que se integró al hogar de los Spinetta. Luis la nombró “Biznikke”.

Cuando César Franov se incorporó a Spinetta Jade, Mondo Di Cromo ya estaba grabado, y Luis se había instalado en Parque Leloir con todas las de la ley. David Lebón siempre andaba dando vueltas y entre las familias Spinetta, Lebón y Gauvry reinaba un buen clima que incluía también a los niños. Los músicos de Jade iban seguido y los de la banda de Lebón también. Pero había una presencia que a Luis le costaba: Diego Rapoport se había incorporado al grupo de David. Cuando Diego anunció su renuncia irrevocable a Jade tras varias reuniones en la que trataron de convencerlo, no hubo marcha atrás y Luis quedó dolido. Su mudanza al grupo de David activó sus ya históricos celos. Hacía poco que Diego había sido papá de Santiago, en la Navidad de 1982, y llevó a su hijo a Castelar. Estaban comiendo un asado en el parque de Lebón, cuando vieron que Luis entraba a la casa, como siempre, a buscar sal, azúcar o alguna cosa, con la confianza de un vecino que además es amigo. Pero se escabulló porque estaba Diego, que decidió acortar la distancia.

Luis, acercate que quiero que conozcas a mi hijo.

¿Y ya le pusiste cámara? –bromeó Spinetta. Las costillas se cayeron al suelo de las carcajadas.

“Luis se había alquilado una casa a pocas cuadras del estudio –cuenta Gauvry– y estaba todo el tiempo. Se peleaba con Patricia y se venía. Mi casa era como un club donde la música y la grabación eran una sola cosa, él venía y poníamos cintas, grabábamos pelotudeces. Cuando empezó a grabar Mondo Di Cromo, que lo hizo él solo, tenía una batería electrónica. Poníamos la maquinita y él tocaba una guitarra encima, después otra, una voz de referencia, un bajo, iba agregando

cosas. Un día caía Pomo o David y metían baterías”. “Jugaba dos horas al ping- pong con Pomo –se acuerda Lebón–, y Luis venía a pedirme a mí que pusiera una batería porque sabía que me encantaba. Él conmigo tenía eso, un amor como de hermanos: partía un pan y me daba la mitad”.

De Parque Leloir, tengo los mejores recuerdos”, asegura Catarina Spinetta. “De lo que más me acuerdo de la infancia es de ahí, porque era espectacular, estábamos mucho en la pileta; mi viejo tenía su sala de ensayo, entonces había movimiento de gente: era muy divertido. Íbamos mucho a Del Cielito a lo de Gustavo. Violeta Gauvry, la hija de Gus y Floki era mi mejor amiga. Era muy lindo lo que se vivía ahí, el verde, la pileta, jugar al ping-pong: estar entre adultos. Mucho escuchar qué se hablaba. El fuego: mis viejos siempre fueron fanáticos del fuego, la leña, el hogar a leña. Una cosa muy hermosa. Había un árbol que era un ciruelo, me despertaba, me iba con la almohada y me terminaba de despertar ahí”. No sin pena, en algún momento de los tres años que vivieron en Parque Leloir, Spinetta se desprendió de su querido Mercedes Benz. “Era un auto muy ostentoso –reconoce Patricia–, para venir del centro a Leloir teníamos que pasar por una villa y nos empezábamos a sentir incómodos. No representaba nuestra realidad. Luis vendió el auto y compró una camioneta Volkswagen brasilera. Los nenes, chochos”.

Ruido de Magia: La Biografía Oficial de Luis Alberto Spinetta)

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