Cierra Tía Maruca y deja a más de 300 obreros en la calle
Diario La Ciudad
Expertos del sector alimenticio coinciden en que la caída vertical del consumo interno fue el factor determinante
La emblemática fábrica de galletitas Tía Maruca concretó el cierre definitivo de su planta principal en la localidad de Albardón, San Juan. La medida pone fin a más de dos décadas de trayectoria industrial y deja un saldo de 300 trabajadores desempleados, en un contexto marcado por la crisis del consumo y la reestructuración societaria de la firma.
La firma controlaba cerca del 5% del mercado local de galletitas. Durante sus años de mayor actividad, se transformó en una de las principales fuentes de trabajo de Albardón, una pequeña localidad de la provincia de San Juan.
La empresa nació en 1998 de la mano de Alejandro Ripani. El vínculo de la familia con la actividad, sin embargo, venía de antes. En 1972, su padre, Cliver Ripani, había fundado una fábrica de galletitas bajo la marca RC, donde Alejandro dio sus primeros pasos en el rubro y aprendió el oficio.

Impacto en el corazón industrial
El cese de actividades en Albardón no es un hecho aislado, sino el desenlace de un proceso de deterioro productivo que ya había mostrado señales de alerta el año pasado. Según informes del diario Clarín, la producción se encontraba frenada desde mediados de 2023, situación que derivó en un complejo concurso de acreedores. El cierre impacta directamente en la economía de la comunidad sanjuanina, donde la planta operaba como uno de los principales motores de empleo local.
Cambio de mando y crisis
A principios de 2024, la empresa intentó una última maniobra de salvataje. El 50% del paquete accionario pasó a manos de Argensun Foods, la firma liderada por la familia Díaz Colodrero y conducida por Pablo Tamburo. Argensun, reconocida por fabricar las semillas de girasol Pipas, ingresó con el objetivo de normalizar las finanzas y proyectar una producción anual de 20.000 toneladas de galletitas, integrando también las marcas Dale y Argentitas.
Sin embargo, el plan de expansión se chocó con una realidad macroeconómica hostil para la producción. El restante 50% de la compañía permanece en manos de su fundador, Alejandro Ripani, quien inició el proyecto en 1998 y acompañó el proceso de homologación del concurso de acreedores que, finalmente, no logró evitar el desmantelamiento de la sede sanjuanina.
Las causas del colapso
Expertos del sector alimenticio coinciden en que la caída vertical del consumo interno fue el factor determinante. A esto se sumaron:
Costos de insumos: Alzas sostenidas en materias primas críticas como harina y azúcar.
Financiamiento: Dificultades extremas para acceder a créditos que permitieran modernizar la maquinaria.
Competencia: Presión de marcas de bajo costo en un mercado donde el bolsillo del consumidor se ha vuelto restrictivo.
"Sostener la competitividad se volvió una tarea imposible bajo la presión impositiva actual", señalaron analistas de la industria. La desaparición de la planta de Albardón marca el ocaso de una firma que llegó a ocupar un lugar privilegiado en las góndolas de todo el país, reflejando el complejo escenario de industricidio que atraviesa la industria alimenticia argentina en la actualidad.