El pacto secreto que permitió la fundación de Ituzaingó
Sebastian Sanguinetti
La "Estación Ituzaingó" no fue el punto de llegada de un tren de pasajeros, sino el punto de partida de una de las operaciones inmobiliarias más lucrativas de la provincia, donde el progreso fue, ante todo, un gran negocio de amigos.
El 18 de diciembre de 1872, el sol de la tarde caía sobre un paraje desolado al oeste de la ciudad de Buenos Aires, conocido como "Santa Rosa". En un pequeño estrado improvisado, un grupo de hombres de levita y galera brindaba con champán mientras el eco del silbato de una locomotora se perdía en el horizonte. Allí estaban todos: el propietario de las tierras Manuel Rodríguez Fragio, el brillante ingeniero Luis Augusto Huergo, su hermano Pantaleón Huergo, presidente de Ferrocarriles del Oeste, el ministro Nicolás Avellaneda, futuro presidente de la Argentina y la plana mayor del Ferrocarril del Oeste.
Ese día nació Ituzaingó. O, al menos, eso es lo que dicen las placas de bronce.
La Versión de los Bustos: El Triunfo de la Civilización
La Historia Oficial nos relata una gesta altruista: un vecino visionario, Rodríguez Fragio, preocupado por el desarrollo del oeste, decide donar generosamente sus tierras; el Estado acepta y finalmente Nicolás Avellaneda, ministro de la Provincia de Buenos Aires, firma el decreto que bautiza al pueblo, cerrando un ciclo de patriotismo y futuro. Eran épocas en que las familias patricias y adineradas de Buenos Aires gobernaban la Argentina

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Pero detrás de ese relato de seda, crujen los números. En 1864, Manuel Rodriguez Fragio compró 40 hectáreas de esas tierras a precio de remate. Ocho años después y luego de una largo y trabajoso "lobby", El 11 de octubre de 1872, eleva al gobernador el pedido de aprobación del plano de futuro pueblo de Santa Rosa en los terrenos de su propiedad.
El 24 de octubre, tan solo 12 días después, la Provincia responde la solicitud aprobando el plano de pueblo que “trata de fundar Manuel Rodriguez”. firman la resolución Mariano Acosta y Federico Pinedo.
¿Pero que motivaba a Fragio para fundar un pueblo a 6 leguas de Buenos Aires, en medio de la nada y casi casi habitantes?
Los hermanos Huergo
La clave reside en los hermanos Huergo: mientras el ingeniero Luis Augusto trazaba los planos del ferrocarril, su hermano Palemón Huergo presidía el Ferrocarril del Oeste. En 1872, el Ferrocarril del Oeste era la línea más importante del país y para esa época ya pertenecía al Estado de la Provincia de Buenos Aires. Por esta razón, el cargo de "Presidente del Directorio" era una posición de muchísima influencia política y económica, ya que las decisiones sobre dónde colocar una estación determinaban el nacimiento y el éxito de nuevos pueblos.
El documento clave es el Acta del Directorio del Ferrocarril del Oeste, fechada en octubre de 1872. En los libros de actas de la empresa, consta la resolución mediante la cual el Directorio, bajo la presidencia de Palemón Huergo, acepta la propuesta de donación de tierras y deciden la construcción de la estación Ituzaingó en el kilómetro correspondiente al paraje de la "Quinta Santa Rosa", propiedad de Rodrigues Fragio (La quinta estaba ubicada en lo que hoy es la esquina de Piran y Fragio).
En el papel, Huergo y su directorio justifican la decisión alegando la necesidad de establecer puntos de carga y descarga para fomentar la producción agrícola de la zona. Sin embargo, en la práctica, no había producción que justificara una parada en ese punto exacto, salvo el interés de valorizar el loteo. El documento lleva la firma de Palemón Huergo como autoridad máxima de la empresa ferroviaria. Poco después de esa resolución interna del ferrocarril, se emite el decreto gubernamental (con la firma de Nicolás Avellaneda como ministro) que autoriza formalmente al Ferrocarril del Oeste a "habilitar al servicio público" la estación denominada Ituzaingó.

El Escándalo de la "Habilitación Provisoria"
Existe un registro contable y operativo del F.C.O. que es revelador: la orden de servicio para la inauguración del 18 de diciembre de 1872. En este documento se ordena la detención del tren especial para las autoridades. Inmediatamente después, figura la contraorden de suspensión del servicio regular.
Este registro documental es el que prueba que la estación fue, administrativamente, un "decorado". Los libros de sueldos del ferrocarril de 1873 muestran que la estación Ituzaingó no tenía personal asignado de manera permanente durante gran parte de ese año, confirmando que la firma de Palemón Huergo solo buscaba cumplir con el requisito formal para que su socio Fragio pudiera iniciar los remates.

El "Círculo Rojo" de Ituzaingó: Los primeros compradores
En las actas de los primeros remates y en los registros de escrituración de la época, aparecen nombres que confirman que Ituzaingó no nació como un pueblo de colonos, sino como una reserva de valor para la élite:
En esos registros figura un apellido ya conocido por el lector: Huergo. En efecto Pantaleón Huego y su familia, figuran como compradores de los principales y más valiosos lotes frente a la plaza y la estación. Pero, ¿Pagó realmente Pantaleón Huergo esos lotes? o fue una compra simulada por la devolución de favores?
Otra de los apellidos famosos es la de la familia Casullo: Una de las familias más poderosas de Morón. Su participación aseguraba que el nuevo pueblo tuviera "protección" política en la cabecera del partido.
Valentín A. Feraud: Como mencionamos anteriormente, fue el albacea de Fragio. Comprar lotes era una forma de "garantizar" el éxito del remate de su propio cliente.
Apellidos de la política porteña: Miembros de la legislatura y funcionarios de segunda línea del ministerio de Nicolás Avellaneda compraron manzanas enteras, apostando a que la inversión estatal (el tren) multiplicaría su capital sin mover un dedo.
El mecanismo del "Remate de Prestigio"
Para atraer a estos compradores, Fragio y su martillero no vendían "tierra"; vendían la cercanía al poder. El día del remate se organizaba un banquete, se traía a la banda de música de la policía y, lo más importante, se garantizaba que el tren especial de las autoridades estuviera estacionado allí mismo
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- Valor de compra original (Fragio): Estimado en menos de 2 pesos la vara cuadrada. (0,7 mts cuadrados)
- Precio de remate: Gracias a la presencia de ministros y la estación (aunque estuviera cerrada al público), los lotes se vendían entre 20 y 50 pesos la vara, dependiendo de la cercanía a la vía.
- La plusvalía: Fragio recuperó su inversión inicial en la venta de las primeras cinco manzanas. El resto (más de 35 manzanas) fue ganancia pura, libre de impuestos y subsidiada por la infraestructura del Estado.
El resultado: Un pueblo "vacío" pero vendido
Esto explica por qué la estación cerró al día siguiente: el objetivo ya se había cumplido. Las tierras estaban vendidas a los amigos del poder. No importaba si nadie vivía allí todavía; los nuevos dueños eran especuladores que esperarían diez o veinte años para volver a vender, cuando el verdadero crecimiento demográfico hiciera el trabajo por ellos.
Los diarios de la época
La sospecha de un "negocio de amigos" no tardó en filtrarse a la prensa. El siguiente intercambio epistolar revela la batalla por la opinión pública:
De: Manuel Rodríguez Fragio Fecha: 15 de enero de 1873 Publicada en: La Prensa
"Señor Director: Me dirijo a usted para rechazar las malintencionadas versiones que pretenden manchar el honor de ciudadanos que apuestan su capital al progreso... He donado al Estado tierras que hoy valen una fortuna para que el Ferrocarril tenga donde detenerse. Si la estación cerró momentáneamente, es por la lógica cautela de una administración que espera que las familias se asienten. No busco el oro, busco que mi nombre quede grabado en la historia."
Respuesta del Redactor Fecha: 16 de enero de 1873 Publicada en: La Prensa
"Señor Fragio: Nuestra nota no cuestiona su 'visión', sino la conveniencia de que esa visión coincida tan exactamente con los intereses de quienes firman los decretos. Usted habla de 'donación', pero omite que por cada metro cedido, ha valorizado mil veces los que se guardó... Es curioso que el Sr. Palemón Huergo autorice una parada donde no hay pueblo. La historia dirá si usted es un fundador o un mercader."
Epílogo de una Ambición
Hoy, Ituzaingó es una ciudad vibrante. Pero en sus cimientos late este pecado original: una fundación que no nació de la necesidad de su gente, sino de un acuerdo espurio de caballeros de la elite porteña. Un pacto secreto.
El 24 de octubre de 1972, el día en que Avellaneda firma el decreto producto del pacto entre Fragio y Huergo, es el día que se conmemora la fundación de Ituzaingó. ¿ No deberíamos buscar otra fecha fundacional?
Rodríguez Fragio murió con una fortuna incalculable, los Huergo pasaron a la historia como próceres y Avellaneda como el padre de la nación moderna.