En 2026 la pobreza volvió a crecer y suma otro dato malo para gobierno de Milei
Sebastian Sanguinetti
La aceleración inflacionaria y el estancamiento de los ingresos marcan un punto de inflexión en la economía argentina. Durante el primer trimestre de 2026, la pobreza alcanzó al 30% de la población, quebrando la tendencia a la baja que se registraba desde finales de 2024.
El panorama social de la República Argentina vuelve a encender luces de alerta. En un contexto macroeconómico caracterizado por el deterioro sostenido de los ingresos reales y una aceleración inflacionaria que no da tregua, los indicadores de vulnerabilidad social han vuelto a escalar. La pobreza subió al 30% durante el primer trimestre de 2026, mientras que la indigencia escaló al 6,5%.
Estos datos representan un incremento de 0,1 y 0,4 puntos porcentuales, respectivamente, si se los compara con el último trimestre del año 2025. Aunque los números puedan parecer marginales a primera vista, su impacto estructural es profundo: confirman que la pobreza ha dejado de bajar. Se ha producido una reversión concreta de la tendencia positiva que la economía nacional venía evidenciando desde finales de 2024.
Esta radiografía surge de las estimaciones recientes elaboradas por el Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la Universidad Católica Argentina (UCA). Para llegar a estas conclusiones, la institución se basó en el cruce de microdatos provenientes de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), elaborada por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec).

El mapa de la vulnerabilidad: disparidad regional
La pobreza no golpea a todos los rincones del país por igual. Al desglosar los datos por aglomerados urbanos, las estadísticas revelan asimetrías geográficas severas que exponen las deudas históricas del desarrollo territorial argentino.
Las mayores tasas de pobreza a nivel nacional se concentraron en el norte y el litoral del país. El aglomerado de Concordia encabeza este dramático registro con un 52,5% de su población bajo la línea de pobreza. Le siguen el Gran Resistencia (49,7%), Posadas (42,6%), el Gran Santa Fe (39,7%) y Corrientes (38,4%).
Cuando se observa la indigencia —es decir, aquellas familias que ni siquiera logran cubrir sus necesidades alimentarias básicas— el mapa mantiene una configuración similar, pero con variaciones en las intensidades. La indigencia alcanzó sus valores más críticos en el Gran Resistencia, marcando un alarmante 24,3%. Detrás se ubicaron Concordia (11,2%), Posadas (10,7%), Gran Santa Fe (10,4%) y Corrientes (9,1%).
"La evidencia sugiere que existe un cambio de tendencia respecto de la fase de recuperación registrada durante 2025", remarcó en su último informe la consultora económica ExQuanti, subrayando la gravedad de este estancamiento.
Según diversas proyecciones, la cantidad de ciudadanos argentinos que cayeron en situación de pobreza se incrementó en una franja de entre 1,3 y 1,8 millones de personas entre el tercer trimestre de 2025 y el primero de 2026. Los especialistas de la UCA toman estos períodos como directamente comparables debido a que ninguno de los dos sufre la distorsión estadística que genera el cobro del Sueldo Anual Complementario (aguinaldo).
Las seis causas detrás del deterioro social
Para comprender por qué la mejora económica se estancó, es necesario diseccionar los factores subyacentes. Agustín Salvia, director del ODSA y uno de los principales especialistas en sociología de la pobreza en el país, delineó seis motivos fundamentales que explican el deterioro de las condiciones de vida durante el arranque de este año:
1. La carrera desigual entre precios y salarios
El primer trimestre de 2026 estuvo marcado por la pérdida del impulso proveniente de los precios relativos. Los números del Indec son elocuentes: la Canasta Básica Alimentaria (CBA), que delimita la barrera de la indigencia, acumuló un incremento del 11,6%. La Canasta Básica Total (CBT), que marca el umbral de la pobreza, subió un 9,6%. En contrapartida, el índice salarial total apenas avanzó un 8,6%. La situación es aún más precaria para el sector formal: los salarios registrados crecieron apenas un 7%. De este modo, los ingresos mensuales de las familias dejaron de superar sistemáticamente a la inflación.
2. Un mercado laboral debilitado
El mercado de trabajo ha perdido su tracción como motor principal para la reducción de la pobreza. Si bien las tasas generales de empleo y desocupación no mostraron cambios significativos a nivel general, la calidad del empleo se deterioró. La subocupación experimentó un salto de 1,1 puntos porcentuales. A su vez, la informalidad laboral —el sector más desprotegido frente a la inflación— creció 2,2 puntos. Actualmente, un asombroso 44,2% de las personas ocupadas en Argentina trabaja en la informalidad.
3. Distribución inequitativa de la recuperación
Aunque los ingresos nominales exhibieron un alza interanual del 35,6% (lo que justifica que la pobreza interanual siga siendo menor que la de 2025), el reparto de esa riqueza fue desigual. El coeficiente de Gini, un indicador internacional utilizado para medir la desigualdad, empeoró pasando de 0,435 a 0,442. Esta cifra confirma que la recomposición de los ingresos se concentró en los sectores medios-altos y altos, resultando absolutamente insuficiente para los hogares más vulnerables.
4. Freno en la actividad económica general
El dinamismo de la economía se enfrió. El Producto Bruto Interno (PBI) había registrado un fuerte salto del 5,8% interanual en el primer trimestre de 2025 —impulsado por el efecto rebote de recesiones anteriores—. Sin embargo, en el primer trimestre de 2026, el crecimiento se desaceleró hasta marcar un módico 2,3%. Este freno afectó directamente a sectores clave: la industria manufacturera cayó un 1,7% y la administración pública se retrajo un 1,4%. Sin expansión económica robusta, la creación de ingresos laborales se estanca.
5. Erosión de las transferencias sociales
La red de contención del Estado ha perdido capacidad protectora. Los programas sociales, jubilaciones, pensiones y asignaciones familiares sufren un problema de diseño en contextos inflacionarios: se actualizan con dos meses de rezago. Cuando los precios se aceleran, el poder adquisitivo de estos sectores se licúa rápidamente. Además, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) utilizado para medir la inflación arrastra problemas metodológicos, dejando subrepresentados consumos esenciales como los servicios públicos, lo que distorsiona la verdadera carga económica de los hogares.
6. La presión asfixiante de los gastos fijos
Finalmente, el presupuesto de las familias sufrió el embate de las correcciones de tarifas. La recomposición de los cuadros tarifarios en energía, transporte público y la actualización de los alquileres avanzaron a un ritmo muy superior al del nivel general de precios y a la actualización de los salarios. Esto generó un recorte drástico en el dinero disponible para la alimentación y la salud.