Ituzaingó necesita urgente una "Ordenanza del paisaje Urbano" en su centro comercial

El momento de legislar es ahora. Ituzaingó tiene la oportunidad única de blindar su identidad barrial y verde mientras abraza el progreso económico, demostrando que el desarrollo urbano y la calidad paisajística no son conceptos excluyentes.

Ituzaingó necesita urgente una "Ordenanza del paisaje Urbano" en su centro comercial
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El Área Central de Ituzaingó atraviesa una metamorfosis histórica. Con las obras de remodelación de la Plaza 20 de Febrero, la construcción del estacionamiento subterráneo que será inaugurado a mediados del próximo año y la nueva apuesta por la prioridad peatonal, el municipio está reconfigurando su matriz circulatoria y comercial como pocos municipios lo han hecho.

Sin embargo, toda gran obra de infraestructura corre el riesgo de naufragar si no se acompaña de normativas que regulen el comportamiento privado. Para que el tradicional "Jardín del Oeste" no sucumba ante la contaminación visual, la saturación de asfalto y la gentrificación estética, resulta imperativo sancionar una Ordenanza Integral de Paisaje Urbano que unifique las ordenanzas vigentes y que legisle sobre nuevas herramientas para el sector privado que quiera invertir en nuestro centro comercial.

La modernización del espacio público exige reglas claras para el sector privado. No basta con soterrar vehículos si la superficie se convierte en un caos de carteles invasivos, veredas intransitables y terrenos ociosos. La nueva ordenanza debería contemplar:

Publicidad y contaminación visual: el fin de las marquesinas

El principal enemigo de la estética de un centro comercial a cielo abierto es la polución visual. Hoy rige una ordenanza sobre la publicidad en la vía publica que hay que modificar y aggiornar a estos tiempos, La nueva normativa debe dictar el fin de las marquesinas salientes de gran escala que ocultan el patrimonio arquitectónico y compiten de forma agresiva por la atención del peatón.

Es vital exigir una transición hacia letreros frontales, preferentemente de letras corpóreas, limitando estrictamente su tamaño y prohibiendo los colores flúor o materiales plásticos reflectantes que rompen la armonía del entorno. Asimismo, la ordenanza debería ratificar un principio fundamental de Ituzaingó que rige hoy en día: la arquitectura comercial debe adaptarse al arbolado preexistente, y no a la inversa. Las marquesinas y toldos deben diseñarse respetando las copas de los árboles, consolidando el corredor verde que caracteriza al distrito.

letreros frontales, letras corpóreas y de estética acorde al paisaje

Frentes y fachadas: materiales nobles y espacios activos

El desembarco de nuevas franquicias gastronómicas y comerciales debe regularse morfológicamente. La normativa debe promover el uso de materiales cálidos y nobles, como ladrillo a la vista, madera, hierro y piedra, desalentando los revestimientos de aluminio brillante o construcciones tipo galpón industrial.

Además, para garantizar la seguridad ciudadana y la vitalidad nocturna, se debe legislar el concepto de "fachadas activas". Esto implica exigir que al menos el 60% de la planta baja de los comercios sea transparente (vidrio), prohibiendo los paredones ciegos o las cortinas metálicas cerradas que generan corredores lúgubres y peligrosos fuera del horario comercial.

Veredas unificadas y prioridad peatonal

Un centro moderno no puede tener una vereda distinta cada diez metros. La ordenanza debe establecer un solado único y obligatorio (por ejemplo, baldosas calcáreas específicas o pórfido) para todo el Área Central, eliminando el efecto "parche" que entorpece la circulación.

Esta regulación debe definir una franja peatonal libre de al menos dos metros de ancho, garantizando la accesibilidad universal con rampas normadas y baldosas podotáctiles. Simultáneamente, el auge gastronómico requiere un ordenamiento estricto de la ocupación del espacio público: los "parklets" (decks en la calle) y las mesas al aire libre deben seguir un catálogo de diseño municipal unificado para evitar la precariedad estructural.

Diseño de cazoletas (Canteros):
Regular el tamaño y diseño de los espacios para los árboles. Deben ser lo suficientemente amplios para evitar que las raíces levanten y rompan las baldosas. Se puede exigir el uso de rejillas protectoras a nivel del piso o pavimentos permeables alrededor del tronco para maximizar la absorción del agua de lluvia sin entorpecer el paso.

Estandarización del mobiliario urbano: Definir un catálogo de diseño para elementos fijos en la vereda. Si un comercio quiere poner un bicicletero o un cesto de basura, debe elegir un modelo preaprobado por el municipio (por ejemplo, de hierro y madera, manteniendo el estilo "Jardín del Oeste") para evitar la contaminación visual de tachos de plástico de distintos colores y formas.

Soterramiento de tableros y medidores: Exigir que las cajas de luz, gas o telefonía de los nuevos comercios estén embutidas en la fachada y no sobresalgan como pilares en el medio de la vereda.

Esquina de Fragio y Mansilla, pleno centro

Baldíos y casas abandonadas: sanar las cicatrices urbanas

En pleno centro comercial, las propiedades en ruinas y los lotes vacíos no son solo un problema estético, sino focos de insalubridad urbana y herramientas de especulación inmobiliaria. La ordenanza debe ser implacable con el abandono. Hoy hay esquinas muy importantes del centro comercial con baldios y casas en ruinas.

En primer lugar, debe prohibirse el uso de alambrados o chapas oxidadas como cerramientos de obra, exigiendo tapiales opacos, limpios, con iluminación y mantenidos. El municipio debe contar con la potestad de ejecución subsidiaria: si el dueño no desmaleza, asegura y limpia el predio tras una intimación breve, el Estado debe intervenir y cargar el costo al propietario.

Finalmente, esta política estética debe articularse con una herramienta fiscal contundente: la aplicación de sobretasas progresivas a los terrenos céntricos ociosos. Penalizar la especulación forzará a los propietarios a construir, vender o, mediante programas de usos efímeros, ceder temporalmente esos espacios para food trucks o ferias locales, devolviéndole la vida a los metros cuadrados más valiosos de la ciudad.

El momento de legislar es ahora. Ituzaingó tiene la oportunidad única de blindar su identidad barrial y verde mientras abraza el progreso económico, demostrando que el desarrollo urbano y la calidad paisajística no son conceptos excluyentes.

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