Ituzaingó redefine su centro comercial: adiós al auto maceta y bienvenido el peatón

Los espacios céntricos vacantes que dejan las antiguas tiendas no permanecen desocupados por mucho tiempo; por el contrario, son rápidamente absorbidos por marcas comerciales que cuentan con una espalda financiera mucho mayor y una capacidad de adaptación superior a las nuevas demandas del público.

Ituzaingó redefine su centro comercial: adiós al auto maceta y bienvenido el peatón
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El centro comercial de Ituzaingó, históricamente estructurado en torno a la Plaza 20 de Febrero y la estación del Ferrocarril Sarmiento, atraviesa actualmente un proceso acelerado de reconversión y sustitución de su oferta minorista.

Pese a un contexto marcado por fuertes retracciones económicas a nivel nacional los últimos 2 años, el distrito consolida una transformación estructural profunda: el pequeño comercio minorista, caracterizado por su matriz familiar y su baja rentabilidad, está siendo desplazado de manera progresiva y sostenida por franquicias de marcas consolidadas, cafeterías de especialidad con diseños arquitectónicos modernos, centros de estética de vanguardia y propuestas gastronómicas de nivel medio-alto.

Esta dinámica, impulsada simultáneamente por la obra de remodelación de la Plaza 20 de febrero con una playa de estacionamiento subterránea para 400 automóviles, redefine por completo la identidad de la ciudad, convirtiéndola en un polo de atracción para inversores que buscan rentabilidad en un entorno que prioriza la experiencia del consumidor peatonal.

El fin de una era: El declive de los comercios tradicionales y el auge de la experiencia

Para comprender la magnitud de la reconfiguración que experimenta el núcleo urbano de Ituzaingó Norte, resulta indispensable analizar el proceso de "gentrificación comercial" que se desarrolla en sus arterias principales. Este fenómeno no constituye de ninguna manera una simple expansión periférica o una suma lineal de nuevos locales comerciales, sino que representa una auténtica sustitución estructural de la matriz económica. Los negocios clásicos, que durante décadas definieron la fisonomía del lugar, se encuentran hoy frente a una encrucijada.

El ejemplo más emblemático y doloroso de esta transición es, sin duda, el cierre definitivo de la reconocida Perfumería EICÉ y la apertura de la cadena de perfumerías "Miriam" a pocas cuadras. EICÉ, considerada una de perfumerías más tradicionales de la zona, se encontraba localizada estratégicamente frente a la Plaza 20 de Febrero, se vio forzada a bajar sus persianas tras un cuarto de siglo de permanencia ininterrumpida en el tejido comercial del distrito. El cese de las actividades de este comercio histórico no fue un hecho aislado, sino la consecuencia directa de la transformación comercial de la que hablamos: El comercio tradicional, no puede competir contra las cadenas y franquicias: Miriam, ofrece los mismos productos que ofrecía EICÉ pero más baratos.

Pese a que la pérdida de este tipo de comercios representa un golpe emocional para la identidad Ituzaingunese y genera inestabilidad en los puestos de empleo, la dinámica en la zona demuestra una voracidad asombrosa de reconversión. Los espacios céntricos vacantes que dejan las antiguas tiendas no permanecen desocupados por mucho tiempo; por el contrario, son rápidamente absorbidos por marcas comerciales que cuentan con una espalda financiera mucho mayor y una capacidad de adaptación superior a las nuevas demandas del público.

Infraestructura urbana de vanguardia: El peatón como generador de riqueza

Toda esta asombrosa revolución comercial que se respira en el ambiente y que está a la vista de todos, no ocurre en el vacío administrativo, sino que está íntimamente vinculada a la intervención de infraestructura pública más relevante, costosa, compleja que ha encarado el Municipio en las últimas décadas de su historia política. La obra actúa como el gran y definitivo catalizador físico y material para la consolidación de la sustitución de la oferta comercial: se trata de la remodelación de carácter estructural e integral de la histórica Plaza 20 de Febrero y la consiguiente construcción del estacionamiento subterráneo.

Esta obra pública contempla el soterramiento definitivo del denso flujo vehicular mediante la creación y habilitación de un estacionamiento subterráneo con la capacidad operativa necesaria para albergar entre 376 y 400 automóviles estacionados bajo la renovada superficie de la plaza. La justificación, tanto técnica como económica de esta arriesgada intervención arquitectónica se fundamenta y se sostiene en una premisa impulsada por el nuevo urbanismo contemporáneo: el auto "maceta" que se encuentra estacionado en la superficie asfáltica de la vía pública funciona como un mero y estéril obstáculo visual y espacial que no genera absolutamente ningún tipo de riqueza para el ecosistema; por el contrario, el peatón que circula libremente y con comodidad por las amplias veredas sí consume de manera activa, interactúa socialmente y dinamiza exponencialmente la salud de la economía local.

El nacimiento del "shopping a cielo abierto"

Al proceder con la remoción definitiva y sistemática de los vehículos particulares de la superficie asfáltica de arterias centrales y vitales como las calles Las Heras, Soler y Zufriategui, Olazabal, juncal, Lavalle y Mansilla, el espacio urbano se libera de una manera drástica y estéticamente agradable. Este rediseño del flujo general de movilidad permite ejecutar de forma inmediata múltiples mejoras paisajísticas y urbanas que benefician de forma directa al comercio frentista. En primer lugar, hace materialmente posible ensanchar las históricas veredas tradicionales de la ciudad para transformarlas progresivamente en paseos de características semipeatonales.

En segundo lugar, facilita la instalación planificada, regulada y armónica de decks de madera tratada destinados al uso gastronómico al aire libre, extendiendo la capacidad instalada de los locales.

Y en tercer y último lugar, fomenta decididamente la caminabilidad saludable de los vecinos, reduciendo de manera muy sustancial los nocivos niveles de polución acústica, visual y ambiental en el corazón cívico de la ciudad.

De acuerdo con las conclusiones arrojadas por diversos estudios especializados en el impacto comercial urbano a gran escala, la conversión paulatina de estas antiguas centralidades que históricamente se encontraban congestionadas por el humo y los bocinazos, produce un efecto económico que resulta verdaderamente asombroso a los ojos de los analistas: incrementa de manera sostenida las ventas del comercio minorista local en niveles exponenciales que pueden alcanzar holgadamente hasta un 65%, esto en comparación directa con aquellas viejas arterias tradicionales que, lamentablemente, continúan expuestas al agobiante, ruidoso y perjudicial tráfico vehicular pesado.

Esta evidente mutación física y paisajística del entorno obliga a los comerciantes a llevar a cabo una sustitución radical en la tipología del comercio. Los antiguos locales de barrio que basan su anticuado modelo de negocio en la exhibición pasiva, estática y aburrida de sus productos detrás de una simple vidriera de vidrio —tales como las clásicas zapaterías de antaño, las viejas mercerías o las tradicionales papelerías— pierden muy rápidamente su protagonismo urbano y su atractivo visual frente a la irrupción de negocios modernos que están enfocados agresivamente en el consumo activo, dinámico y experiencial directamente sobre la vereda pública.

De este modo, las cafeterías de especialidad, las heladerías de diseño de autor y las cervecerías artesanales se apoderan por completo del paisaje visual, reconfigurando desde sus cimientos al antiguo y letárgico centro comercial tradicional hasta terminar de convertirlo, de una vez y para siempre, en un verdadero, ruidoso y pujante "shopping a cielo abierto" de primer nivel.

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