Se cumplieron 34 años del histórico ascenso de Ituzaingó a la B Nacional
Santiago Menu
La temporada 1991/1992 no comenzó con aires de campeonato. Tras una campaña irregular en el ciclo anterior, el objetivo primario del equipo era sumar puntos para engrosar los promedios y lograr estabilidad en la B Metropolitana. El arranque fue esquivo y los resultados tardaron en llegar; sin embargo, el grupo reaccionó a tiempo y comenzó una escalada que lo llevó a mirar a todos desde arriba.
Pero el fútbol siempre tiene sus nubarrones. En la fecha 14, el "Verde" encadenó cuatro derrotas consecutivas que sacudieron los cimientos de la institución. En aquel entonces, la continuidad de Edgardo Marchetti —el técnico que ya era prócer por el ascenso de 1989— estuvo seriamente en duda. Pero en el Oeste sabemos de resistencia: el equipo respaldó al DT en la cancha y no volvió a perder.
Triunfos determinantes ante pesos pesados como Almagro, Deportivo Merlo, Los Andes y Tigre devolvieron la confianza y posicionaron al León como el gran candidato al título en una categoría que asustaba con nombres de la talla de Atlanta, Chacarita y All Boys.
La última fecha fue un suplicio para el corazón del hincha. Ituzaingó recibía a El Porvenir en el Carlos Sacaan con la mesa servida para el festejo. Sin embargo, los nervios jugaron su partido: el equipo rescató un agónico empate sobre el final, pero la victoria de Los Andes obligó a un desempate en cancha neutral.
Así llegamos a la noche del 15 de abril de 1992. El escenario fue la mítica "Doble Visera" de Independiente. Entre semana, bajo las luces de Avellaneda y con miles de vecinos que cruzaron la ciudad, el Verde y el Milrayitas se jugaron la vida. Guillermo Duró puso en ventaja a Ituzaingó, pero el equipo de Lomas igualó. Tras 120 minutos de tensión, la moneda cayó del lado de la justicia desde los doce pasos. El León no falló, la puntería fue perfecta y el desahogo se escuchó desde Avellaneda hasta la calle Zufriategui.
Aquel equipo de Marchetti demostró que el carácter le gana a los presupuestos. Hace 34 años, Ituzaingó escribía su página más gloriosa, confirmando que, cuando hay identidad y un proyecto sólido, el techo no existe.