Una universidad en Argentina abrió un taller de Esports donde enseñan a ganar sin toxicidad
Diario La Ciudad
Desde abril de 2025, la Universidad Nacional de Hurlingham (UNAHUR) puso en marcha un taller de esports que pasó a formar parte del ecosistema de actividades estudiantiles de la Secretaría de Servicios a la Comunidad. El proyecto funciona en articulación con el programa universitario de desarrollo de videojuegos y se propone un objetivo ambicioso: convertir el gaming competitivo en una herramienta de socialización y de construcción de hábitos saludables. Los detalles fueron contados en el aire de Radio 10 por Germán Benedito, docente del taller y especialista en el uso saludable de la tecnología.
Según Benedito, la iniciativa no surgió de la nada. UNAHUR ya venía realizando talleres deportivos, culturales y profesionales para estudiantes y vecinos del barrio. Los esports se convirtieron en una continuación lógica de esa línea, adaptada a las realidades de la generación digital.
La relevancia de este formato es difícil de subestimar. La comunidad gamer en Argentina y en todo el mundo crece año a año, y no todos los jóvenes llegan a ella a través de las disciplinas de esports. Muchos comienzan con MMORPG como Final Fantasy XIV o The Elder Scrolls Online. Otros llegan desde juegos online gratuitos, donde las recompensas dentro del juego juegan un papel importante, desde bonos de registro hasta códigos promocionales. Uno de los participantes del taller recordaba cómo intentó entender información en inglés en un sitio web con un listado de esos juegos online y que, finalmente, la mecánica de los bonos tuvo que resolverse junto con sus compañeros de grupo; esa búsqueda colectiva resultó tan entretenida como el juego en sí. Estas historias muestran claramente que el gaming se convirtió hace tiempo en un espacio de comunicación y aprendizaje colectivo para los jóvenes, y a la universidad le corresponde encauzar ese interés de manera constructiva.
Un punto de encuentro que no podía dejar de crearse
El taller fue concebido como un espacio de atracción donde los estudiantes no solo pueden jugar, sino también encontrar personas con intereses afines, definir objetivos comunes y apoyarse mutuamente. Para una parte de los participantes, el espacio cumple la función de un "contenedor", un entorno de sostén donde la competencia se combina con la solidaridad.
Benedito destacó que el taller universitario está abierto a personas con los más variados niveles de experiencia en el gaming. Precisamente esa diversidad es lo que lo hace valioso: los estudiantes aprenden a ponerse de acuerdo, a distribuir roles y a trabajar por un resultado colectivo, no solo a perfeccionar sus habilidades individuales.
De la "escuela para principiantes" a los torneos internos
Dada la heterogeneidad de habilidades y preferencias de género entre los participantes, los organizadores estructuraron las clases bajo el principio de una "escuela". El proceso incluye varios elementos:
- sesiones de entrenamiento con análisis de tácticas e interacciones de equipo;
- formación y rotación de equipos, para que cada participante pruebe distintos roles;
- torneos internos donde se practican habilidades en condiciones cercanas a las competencias reales;
- actividades adicionales orientadas a la cohesión del grupo.
Esta estructura permite que los principiantes se integren de forma gradual, mientras que los jugadores más experimentados desarrollan cualidades de liderazgo y mentoría.
La toxicidad no tiene lugar aquí
Benedito definió el taller como un "espacio libre de toxicidad". Detrás de esa definición hay reglas concretas: comunicación respetuosa, responsabilidad por las propias palabras y acciones, y disposición para aceptar los errores ajenos. A través del proceso de juego, los participantes entrenan la tolerancia a las derrotas, la resistencia a la frustración y la fortaleza mental. En esencia, se trata de habilidades blandas (soft skills) que serán útiles mucho más allá de la arena virtual.
La pantalla exige pausas, no una maratón interminable
Uno de los principios clave de los entrenamientos es el equilibrio consciente entre el juego y el descanso. Los participantes no pasan horas seguidas frente a los monitores. El cronograma incluye pausas obligatorias, prácticas de respiración, elementos de actividad física y técnicas de relajación. La filosofía es simple: un cerebro descansado se concentra mejor, y los hábitos saludables de autoorganización mejoran el rendimiento tanto en el juego como en los estudios.
Competencia sin burnout
La presión antes de un partido es familiar para cualquier deportista, y los esports no son la excepción. Benedito está convencido de que es importante partir desde una "base saludable": comprender el peso de la exposición pública, estar preparado para los errores y saber superar las derrotas sin reacciones destructivas. En el taller se trabajan tanto herramientas individuales de autorregulación como mecanismos grupales de apoyo, para que el entusiasmo competitivo no derive en tensión crónica.
Por qué el acompañamiento psicológico está integrado al programa
Los esports exigen las funciones cognitivas con alta intensidad. La memoria, la atención, la velocidad de toma de decisiones y el pensamiento táctico funcionan de manera simultánea, y esa carga requiere un acompañamiento profesional. En el taller se aplica el coaching, que ayuda a los participantes a reconocer los primeros signos de sobrecarga y a construir estrategias de recuperación.
Un bloque preventivo específico está dedicado a los riesgos del uso poco saludable de las redes sociales, los videojuegos y las pantallas en general. Benedito, quien trabaja esta temática también en su práctica clínica, formuló un principio importante: si el entorno digital se convierte en un "refugio", es necesario analizar no la pantalla, sino lo que le ocurre a la persona del otro lado del monitor.