Ituzaingó: "La ciudad de los 15 minutos"
Sebastian Sanguinetti
El distrito enfrenta su mayor encrucijada histórica desde su autonomía. Ituzaingó debe decidir si abraza la "ciudad de los 15 minutos" para dejar de ser definitivamente un dormitorio de la Capital.
Ituzaingó ya no es lo que era en 1995. Aquel "Jardín del Oeste", nacido de la división de Morón, se concibió bajo la lógica de la ciudad dormitorio: un refugio verde para la clase media que generaba su riqueza y consumía servicios en la Ciudad de Buenos Aires. Sin embargo, tres décadas después, esa dinámica ha caducado.
Hacia el 2030, el municipio se enfrenta a una transformación estructural que en gran medida planificó: convertirse en una ciudad prestadora de servicios. Este camino virtuoso que ya esta en marcha, debe evitar la fracturación bajo el peso de la desigualdad urbana. La pregunta es si esta transición será integradora o si consolidará dos ciudades en una.
De la autonomía a la polarización (1995-2025)
Para entender el futuro, hay que mirar la película completa. Desde su fundación, la composición social del distrito mutó radicalmente.
1995-2010: Predominio de casas quintas y baja densidad. La economía local dependía casi exclusivamente de las tasas residenciales (ABL).
2010-2024: El "Boom del Norte". La zona de Parque Leloir y el centro de la ciudad recibió una inyección de capital privado sin precedentes, transformando el paisaje con oficinas de alta gama, edificios premium, polos gastronómicos y barrios cerrados.
Este crecimiento ha generado lo que el sociólogo Manuel Castells define como "Ciudad Dual". Hoy conviven dos Ituzaingós separados no solo por las vías del Sarmiento, sino por una barrera económica invisible.
"Tenemos un norte que se asemeja a enclaves de primer mundo, con servicios premium y seguridad privada, y un sur que, aunque pujante, sigue luchando por infraestructura básica como cloacas y asfalto de calidad", explica Laura Hernandez, urbanista de la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS).

La trampa de la Ciudad Dual
El riesgo de consolidar esta dualidad es alto. Si la tendencia actual continúa y todo queda librado solo al mercado, el norte funcionará como un circuito cerrado de consumo (donde se vive, trabaja y gasta), mientras que el sur y el Oeste quedarán relegados a zonas de residencia obrera con baja actividad comercial.
Esta segregación funcional tiene costos altísimos:
Colapso vial: El tránsito norte-sur se vuelve un cuello de botella diario.
Fuga de capitales barriales: Si los vecinos del sur no tienen servicios de calidad cerca, gastan su dinero en otros distritos o en el norte, desfinanciando su propio entorno.
Gentrificación: El aumento del valor del suelo en las zonas de moda expulsa a los residentes históricos que no pueden afrontar las nuevas tasas municipales y costos de vida.
La "Ciudad de los 15 Minutos"
Frente a este escenario, una posible salida sostenible hacia 2030 es adoptar el modelo de la "Ciudad de los 15 Minutos". El concepto lo acuñó el urbanista franco-colombiano Carlos Moreno. Se enfoca en un diseño urbano que prioriza a las personas y sus necesidades diarias por sobre los autos. Su esencia es simple: crear una ciudad donde los habitantes puedan acceder a servicios esenciales en un radio de 15 minutos a pie o en bicicleta.
El modelo se apoya en una estructura descentralizada y policéntrica, en la que las funciones clave -vivienda, trabajo, supermercados, salud, educación y espacios verdes- se encuentren a corta distancia. En definitiva, busca mejorar la calidad de vida al reducir la necesidad de desplazamientos largos y ayudar al medioambiente.
En este modelo, cualquier vecino, viva donde viva, tiene acceso a estas 6 funciones sociales esenciales en un radio de 15 minutos a pie o en bicicleta:
Habitar (Vivienda digna)
Trabajar (Coworkings barriales y pymes)
Aprovisionarse (Mercados locales)
Cuidarse (Salud primaria)
Aprender (Escuelas y centros de formación)
Descansar (Espacios verdes públicos de calidad)
Para Ituzaingó, esto implica seguir interviniendo las zonas postergadas. Con este concepto, se entiende la decisión municipal de concentrar servicios de salud en el barrio de San Alberto (Clínica Veterinaria, Centro de diagnostico por imágenes, etc), o el fortalecimiento de las salas de atención primaria distribuidas por todo el municipio. Con el tiempo, se crean "micro-centralidades" en barrios como San Alberto, Ituzaingó Sur y Villa León. No se trata solo de poner una plaza, sino de incentivar la instalación de bancos, centros médicos y oficinas públicas.
Se promueve el comercio barrial mediante alivios fiscales para que las PyMEs se instalen fuera de los corredores tradicionales (Martín Fierro y Santa Rosa).
Dejar de planificar para el auto y comenzar a conectar los barrios con ciclovías seguras y un transporte público transversal que una los puntos alejados con las estaciones de tren.
El rol del Gobierno Local: redistribuir la Plusvalía
El paso de "ciudad dormitorio" a "ciudad de servicios" es una oportunidad económica dorada. Al retener el consumo dentro del partido, aumentan los ingresos por Tasa de Seguridad e Higiene y se reactiva la economía local. Sin embargo, el Estado municipal debe actuar como árbitro.
El desafío político es la redistribución de plusvalía urbana. Cuando el municipio autoriza una torre o un centro comercial, en Parque Leloir o el Centro de la ciudad, el suelo se valoriza. Esa ganancia extraordinaria debe volver a la comunidad en forma de obras para los sectores postergados. Ituzaingó tiene el potencial de ser un modelo de urbanismo moderno en el Conurbano, pero solo si logra coser las costuras de su tejido social antes de que la brecha sea irreversible. El 2030 no espera.