La historia de la policía de Ituzaingó

La historia de la policía de Ituzaingó
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La historia de la seguridad en Ituzaingó se remonta a 1855, cuando Miguel Naón no solo impartía justicia como Juez de Paz, sino que también calzaba las botas de comisario. Pero el dato que más nos fascina a los nostálgicos es el que rescató el suplemento del 60° Aniversario de la ciudad: la primera comisaría fue un vagón de tren. En aquel despacho sobre ruedas, el oficial Alfredo Durán (primo de los recordados Raúl y Rogelio Goyaud) y el agente Ángel Zamora daban los primeros pasos de una fuerza que apenas nacía.


Para 1914, la tecnología asomaba tímidamente. El periódico local anunciaba a la Subcomisaría a cargo de Julio Macrae, con un dato de color para los coleccionistas de guías antiguas: el teléfono era el "Unión Telefónica 18, Morón".


Fue en la década del 30 cuando la organización vecinal tomó la posta. El 5 de julio de 1934, el diario La Tribuna encabezó una cruzada: elevar el destacamento a subcomisaría. No fue solo un pedido de palabra; la comisión de vecinos, que originalmente buscaba comprar un auto para la policía, terminó gestionando una casa gratuita para albergar a la dotación.

Finalmente, en septiembre de 1934, nació la Subcomisaría de Ituzaingó (entonces 5ta. de Morón), custodiando un radio que hoy nos resulta familiar: Gaona, Santa Rosa, Blas Parera y el Río Reconquista. Por sus pasillos pasaron nombres como los subcomisarios Monasterio, Mónaco y el mismísimo Narciso Vucetich.


Si hay un personaje que se lleva todos los flashes en esta crónica, es el sargento Juan "Giovanni" Difeo, más conocido como "Pocas Plumas". Su origen es casi un mito urbano: dicen que era un antiguo ladrón de gallinas a quien el comisario —a pedido de la madre del joven, que era lavandera— le propuso ser agente para "encarrilarlo".


Llegó a sargento y se convirtió en un caudillo conservador con un estilo particular. Cuentan que una vez escoltó montado en un caballo blanco al famoso "Vasco de la Carretilla" en su paso hacia Luján, mientras los chicos le tiraban piedras. Otros recuerdan sus dotes dramáticas, como cuando anunció que se suicidaría en la barrera 80, congregando a todo el pueblo y hasta al diario Crítica, solo para que no pasara absolutamente nada.


El 20 de agosto de 1963, gracias al impulso del Rotary Club y vecinos como Eduardo Firpo, la dependencia alcanzó el rango de Comisaría, con Agustín Oliveto al mando. La sede fue rotando por el mapa local: estuvo en la esquina de Rondeau y Clierment, pasó por la calle 24 de Octubre (donde funcionó el correo) y terminó en su ubicación de Soler y Olazábal.


Incluso Villa Ariza tuvo su propia historia, pasando de una casilla en la calle Colonia a su sede en Lavalleja 750, levantada con el esfuerzo de la comunidad.

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