La historia del "Ruso" Zielinski en Ituzaingó
Santiago Menu
El fútbol argentino está viviendo horas de pura emoción. Recientemente, Belgrano de Córdoba hizo historia grande al derrotar a Argentinos Juniors y clasificar a la final de la liga argentina, donde se medirá cara a cara con River Plate. Detrás de esta epopeya cordobesa hay una mente maestra, un estratega silencioso pero implacable: Ricardo "el Ruso" Zielinski. Sin embargo, mucho antes de transformarse en el verdugo de los grandes de Primera, el "Ruso" forjó su templanza, su honestidad y su mística en un rincón inconfundible del Oeste bonaerense: el Club Atlético Ituzaingó.
Para entender el romance entre Zielinski y el Verde, hay que viajar en el tiempo. Ituzaingó nunca había estado en la B Nacional. Parecía un sueño lejano, utópico, hasta que llegó la mítica temporada 1991/92. De la mano del recordado Héctor "Chulo" Rivoira en el banco, y con un plantel de hombres de hierro donde destacaba Zielinski, el León logró el tan ansiado y glorioso ascenso.
Casi 30 años más tarde, en una charla íntima con La Nación Deportes, el "Ruso" se tomó un tiempo para recordar con enorme lucidez y cariño su paso por el Verde, reviviendo aquella gesta que marcó a fuego a nuestra ciudad.

“Logramos el ascenso histórico en un desempate por penales ante Los Andes en cancha de Independiente. Fue la primera vez que Ituzaingó lograba un ascenso a la segunda categoría del fútbol argentino”, remarcó con orgullo.
Aquel hito popular, que desató caravanas interminables por la Avenida Rivadavia y la plaza 20 de Febrero, tuvo un sabor agridulce para él en lo personal. La carrera de Zielinski como futbolista iba a llegar a su fin tras haber abrazado la gloria con el León, empujado por el desgaste físico y la fatiga de mil batallas: “Fue el tercer ascenso de mi carrera. Y con muchos dolores en la rodilla, a los 32 años preferí ser honesto y retirarme”, recordó. Colgó los botines, sí, pero su historia con el club de Zona Oeste estaba lejos de terminar.
El destino volvió a cruzar los caminos del Verde y el "Ruso", pero esta vez con Zielinski del otro lado de la línea de cal, vistiendo el buzo de entrenador en la Primera C. Fiel a su estilo trabajador, rozó la gloria en dos oportunidades.
“En el primer torneo se nos escapó la chance en la última fecha contra Berazategui, por un punto. Al año siguiente ganamos el campeonato de una rueda y después Ituzaingó perdió la final contra Flandria, si no me falla la memoria”, rememoró sobre aquella época de transición. Para cuando se jugó esa última final, el "Ruso" ya volaba alto: “Ya no estaba en el club en ese momento porque había recibido una muy buena oferta de Atlanta, que jugaba en el Nacional B”.
La huella estadística que dejó en la institución es una muestra de su solidez. Como entrenador del León, disputó más de 74 partidos, cosechando 31 victorias, 27 empates y apenas 16 derrotas.
Hoy, mientras el país futbolero habla de su presente dorado en Córdoba, en las calles de Ituzaingó se dibuja una sonrisa de nostalgia. Porque antes de los flashes de la Primera División, el "Ruso" Zielinski aprendió en el barro de nuestra ciudad que la honestidad y el trabajo siempre, tarde o temprano, te llevan a la gloria.