Luces, cámara e historia: el histórico cine de Ituzaingó

Luces, cámara e historia: el histórico cine de Ituzaingó
facebook icon twitter icon telegram icon whatsapp icon

Corría 1925 y el paisaje de Ituzaingó era poco más que un puñado de quintas y calles de tierra. Sin embargo, la visión de don Alberto Devos desafió la quietud del pueblo con una apuesta que muchos tildaron de insólita: la inauguración del “Cine Teatro Ituzaingó”.


El edificio era una pieza de arquitectura ecléctica con tintes neocoloniales. Su fachada se distinguía por dos columnas espiraladas que enmarcaban una entrada protegida por rejas plegadizas. Adentro, el hall nos recibía con cerámicas en tonos azules, guiándonos hacia una platea de 300 butacas y un exclusivo "pullman" de apenas 30 asientos. Pero el detalle que todos los memoriosos mencionan era su techo corredizo, una genialidad para las noches de verano.


En aquellos tiempos de cine mudo, la magia no estaba solo en la pantalla. Mientras Nicolás Boggio operaba el proyector, las imágenes cobraban vida gracias al piano de Don Gine Pasqua y, más tarde, al violín de las hermanas Branda. Pero el cine no era solo ficción; era el ágora del pueblo. Allí, en 1931, los vecinos aprobaron el primer pavimentado del centro.

Tras un breve cierre en 1935, el edificio tuvo un destino inesperado. Entre 1936 y 1940, ante la falta de una parroquia oficial, la familia Devos cedió el espacio para fines religiosos. Bajo la mirada de Juanita Consejero, el cine se convirtió en aula de catequesis y recinto de bautismos. No estaba sacralizado, pero para el barrio, era "la capilla".


La pantalla volvió a encenderse en 1941 de la mano de los hermanos Marquínez. La cartelera se volvió un imán, especialmente cuando los programas anunciaban al ídolo local, Ricardo Passano. Ver "El mejor papá del mundo" o "El muelle de las brumas" era el plan indiscutido del fin de semana.


En mayo de 1944, Don Juan Lombardi tomó las riendas y lo rebautizó como “Cine Petit Palace”. El ingenio popular, siempre afilado y un poco cruel, terminó apodándolo el “Petit Pulga”, debido al deterioro que el paso del tiempo empezaba a cobrarle al edificio.


Eran épocas de "Día de Damas" los martes y funciones a precios populares: 50 centavos los caballeros y apenas 30 para las mujeres y niños. Sin embargo, el destino estaba sellado. La llegada de la televisión y, sobre todo, la inauguración del imponente Gran Ituzaingó —con capacidad para 1.500 personas— fueron golpes letales para el viejo cine de la calle Rondeau.


El 29 de junio de 1962, el Petit Palace proyectó su última cinta. Poco después, la piqueta arrasó con las columnas espiraladas y el techo corredizo. Hoy no queda ni un ladrillo en pie de aquel precursor cultural, pero en cada brindis en los bares de la zona, en cada charla sobre nuestra historia, el viejo cine vuelve a abrir sus puertas.

whatsapp logo