Ocho años prófugo: lo atraparon por TikTok y piden 14 años de cárcel por secuestros en Ituzaingó

La fiscalía solicitó una dura pena por dos secuestros extorsivos. El tribunal definirá la sentencia.

Ocho años prófugo: lo atraparon por TikTok y piden 14 años de cárcel por secuestros en Ituzaingó
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Tras permanecer ocho años prófugo y ser finalmente localizado por videos que subía a TikTok, un delincuente enfrenta un pedido de catorce años de prisión por participar en dos secuestros extorsivos cometidos en Ituzaingó entre 2015 y 2018. En ambos hechos, el imputado habría oficiado como conductor de los vehículos y negociador de los rescates. La solicitud fue formulada ante el Tribunal Oral en lo Criminal Federal N° 3 de San Martín.

El primer secuestro y la violencia extrema

El primer episodio ocurrió la noche del 17 de septiembre de 2015. Cerca de las 22:15, dos hermanos llegaban a su domicilio en la calle Trole al 700 a bordo de un Citroën C4. En ese momento, fueron interceptados por un Volkswagen Bora oscuro conducido por Gustavo Andrés Cáceres. Tres sujetos armados descendieron y obligaron a las víctimas a subir a la parte trasera del Bora, mientras otro cómplice escapaba con el auto familiar.

Durante el trayecto, uno de los jóvenes intentó resistirse y fue atacado a culatazos, sufriendo cortes en el cuero cabelludo que luego requirieron quince puntos de sutura.

Los captores les exigieron 300 mil pesos, dólares u oro. Ante la insistencia de las víctimas sobre su imposibilidad de pagar dicho rescate, los delincuentes desistieron.

Tras robarles celulares, billeteras, un anillo de oro y un bajo eléctrico, los liberaron en San Antonio de Padua. Según los testimonios de los damnificados, Cáceres fue quien mantuvo el control de la situación al volante en todo momento y daba las órdenes al resto de la banda.

El segundo golpe y el pago en el supermercado

Casi tres años después, el 8 de agosto de 2018 a las 19:40, la banda volvió a atacar. La víctima fue D.C., quien circulaba en su Mercedes Benz por la calle Paysandú al 700 para buscar al hijo de su pareja. Un Volkswagen Vento le obstruyó el paso y cinco individuos armados lo encañonaron. Lo obligaron a sentarse en la parte trasera de su propio vehículo, mientras Cáceres tomó el volante y lideró las negociaciones extorsivas.

Mediante llamadas al celular de la pareja del damnificado, C.A.O., los delincuentes exigieron inicialmente 100.000 dólares bajo continuas amenazas de muerte. Tras arduas negociaciones, acordaron un pago de 10.000 dólares y 4.700 pesos.

El encargado de llevar el dinero fue el cuñado de la víctima. La entrega se concretó en las inmediaciones del local Easy de Ituzaingó, entregando el botín directamente en las manos de Cáceres. Minutos después, D.C. fue liberado ileso en el cruce de las calles Anchorena y Peredo.

La banda de San Alberto y la pista de TikTok

La investigación del Gabinete Antisecuestros de la DDI Morón logró vincular ambos hechos por el modus operandi, el perfil de las víctimas y la zona de acción. Mediante el análisis de perfiles públicos de Facebook, los detectives identificaron a varios miembros de la banda, oriundos del barrio San Alberto de Ituzaingó. Algunos de los cómplices, como Lucas Matías Frías, ya habían sido detenidos y condenados años atrás por estos mismos hechos.

Sin embargo, Cáceres logró eludir los allanamientos en su domicilio y mantenerse prófugo durante más de ocho años. Su caída se produjo recién en mayo de 2024. Los investigadores de la Policía Federal rastrearon su paradero a través de una cuenta de TikTok donde subía fotografías y videos trabajando.

Así descubrieron que se desempeñaba como maquinista en la localidad de Libertad, donde fue finalmente arrestado junto a una retroexcavadora sin oponer resistencia.

El juicio y el peso de las pruebas

Durante el debate oral, la defensa intentó desvincular al acusado argumentando que no sabía manejar automóviles y que su contextura física actual no coincidía con la descripción señalada por las víctimas.

No obstante, la fiscalía desarticuló la coartada al presentar cédulas de vehículos a su nombre (como un Peugeot 307 y un Fiat Uno), testimonios que confirmaban que conducía, y fotografías tomadas al momento de su detención donde presentaba el peso y la fisonomía exacta descrita por los testigos.

Ante la contundencia de las pruebas presentadas y las ruedas de reconocimiento positivas, la fiscalía consideró probada la autoría de Gustavo Andrés Cáceres y desarticuló su coartada al exponer cédulas de vehículos a su nombre, testimonios y registros fotográficos que confirmaban su fisonomía y rol en la banda.

Con el cierre de los alegatos y la etapa de debate, la decisión final sobre su condena y la pena definitiva quedó ahora en manos de los jueces del tribunal.

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