Con más de tres décadas de trayectoria ininterrumpida, Pizzería Fax es hoy mucho más que un lugar para comer una buena porción. Para varias generaciones de vecinos, la esquina representa un espacio de pertenencia, un "cable a tierra" .
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Existen comercios que trascienden su oferta gastronómica para convertirse en auténticos pilares de la memoria colectiva de un lugar. Sobre la calle Gdor. Mariano Acosta 49, se establece un templo de la tradición barrial: Pizzería Fax, un espacio que lleva más de 35 años siendo testigo y protagonista del crecimiento de Ituzaingó.
Hoy, al frente del mostrador y de la cocina se encuentra Alejandro, hijo de uno de los dueños originales, quien cuida el legado familiar que comenzó a forjarse a principios de la década de los noventa.
La historia de Fax comenzó en el año 1991. Según evoca el propio Alejandro, aquellos eran tiempos muy distintos a los actuales: Ituzaingó todavía no se había autonomizado y pertenecía al partido de Morón, mientras que los alrededores del centro comercial estaban prácticamente inhabitados y desérticos.
En sus inicios, la propuesta nació enfocada en la venta de pizzas y empanadas tradicionales, aunque con el tiempo el local fue ampliándose hasta funcionar también como una confitería. Por aquel entonces, el Teatro Gran Ituzaingó, que hoy se ubica justo al lado de la pizzería, ni siquiera estaba abierto al público, y la plaza de enfrente lucía diferente, caracterizada por sus caminos de polvo de ladrillo.
Con más de tres décadas de trayectoria ininterrumpida, Pizzería Fax es hoy mucho más que un lugar para comer una buena porción. Para varias generaciones de vecinos, la esquina representa un espacio de pertenencia, un "cable a tierra" . Alejandro relata que todavía hay clientes habituales que asisten todos los días sin falta desde hace años. Entre café y café, o compartiendo una pizza, rememoran anécdotas y recuerdan viejos encuentros que quedaron grabados para siempre en sus mesas.
Dentro de la comunidad local, Fax es reconocida casi como parte de la identidad y la fundación misma de Ituzaingó. Muchos vecinos no dudan en acercarse para agradecer a Alejandro y a su equipo que el comercio mantenga sus puertas abiertas, considerando su continuidad como una resistencia cultural en los tiempos que corren.