Una leyenda suelta por el barrio: el paso de Luis Alberto Spinetta por Parque Leloir
Santiago Menu
En el marco del 154 aniversario de la creación de Ituzaingó, vale la pena revisar su historia y contar las leyendas populares que transitaron por estas calles. Entre 1982 y 1986, el municipio fue el refugio elegido por uno de los máximos íconos del rock nacional: Luis Alberto "El Flaco" Spinetta. Buscando distanciarse del bullicio porteño, el músico desembarcó junto a sus hijos en una quinta rodeada de vegetación, ubicada en el límite entre Villa Udaondo y Parque Leloir.
El hogar familiar se estableció sobre la calle Balbín 3621. Allí, Spinetta montó su propia sala de ensayo en un ambiente, convirtiendo la vivienda en una usina de creación artística en la que resonaban guitarras y composiciones a toda hora.
Lejos de aislarse, "El Flaco" se integró con total naturalidad al ritmo cotidiano del municipio. Quienes caminaron las calles de Udaondo en los ochenta lo recuerdan como un hombre sencillo, generoso y de un carisma singular. Los vecinos de la zona lo veían circular a bordo de su camioneta Volkswagen, vehículo en el que solía transportar a los chicos de la cuadra o encontrarse con el grupo de amigos del barrio en la esquina de Tradición y Nicolás Repetto, conocida como "La punta".

La vida de la familia Spinetta quedó profundamente entrelazada a las instituciones de la zona. Su hijo mayor, Dante, asistió al Colegio Lourdes sobre la misma calle Balbín, mientras que su hija Catarina cursó sus estudios primarios en la Escuela Nº 7 del Barrio Santa Rita. Para los adolescentes de la época, era habitual acercarse a la vereda de la casa sobre Balbín simplemente para escuchar los ensayos a través de las ventanas abiertas o ver pasar a músicos de la talla de David Lebón y Pomo Lorenzo.

De Parque Leloir, tengo los mejores recuerdos”, asegura Catarina Spinetta. “De lo que más me acuerdo de la infancia es de ahí, porque era espectacular, estábamos mucho en la pileta; mi viejo tenía su sala de ensayo, entonces había movimiento de gente: era muy divertido. Íbamos mucho a Del Cielito a lo de Gustavo. Violeta Gauvry, la hija de Gus y Floki era mi mejor amiga. Era muy lindo lo que se vivía ahí, el verde, la pileta, jugar al ping-pong: estar entre adultos. Mucho escuchar qué se hablaba. El fuego: mis viejos siempre fueron fanáticos del fuego, la leña, el hogar a leña. Una cosa muy hermosa. Había un árbol que era un ciruelo, me despertaba, me iba con la almohada y me terminaba de despertar ahí”. No sin pena, en algún momento de los tres años que vivieron en Parque Leloir, Spinetta se desprendió de su querido Mercedes Benz. “Era un auto muy ostentoso –reconoce Patricia–.
La estadía de Spinetta en Ituzaingó coincidió con una época de altísima inspiración creativa, potenciada por la cercanía con el estudio de grabación Del Cielito, fundado por Gustavo Gauvry sobre la calle La Pialada. En aquel espacio nacieron y se registraron piezas fundamentales de su discografía, como Kamikaze, Mondo di cromo (concebido íntegramente mientras residía en Leloir), Tester de violencia, Don Lucero y el álbum en vivo Exactas.
Aunque pasaron cuatro décadas y la fisonomía del barrio cambió, la memoria de Spinetta permanece intacta. Ituzaingó guarda con orgullo el recuerdo de aquellos años en que uno de los poetas más grandes de la música argentina caminó sus calles como un vecino más.

